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Covid-19: Galápagos en crisis de generación de empleo

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El centro de Puerto Ayora lucía casi vacío el pasado 18 de noviembre. Los negocios que antes estaban copados de turistas solo tienen unos cuantos clientes. Un grupo de jóvenes conversando sentados en la plaza principal de la ciudad y algunos taxis rompen el silencio poco habitual.

Esta es la realidad de Galápagos provocada por la pandemia. Guías y prestadores de servicios turísticos sin empleo. Restaurantes sin comensales.

En el muelle, docenas de embarcaciones están atracadas esperando a que llegue algún visitante para poder partir. El sonido de una pequeña fibra llama la atención de las pocas personas que están en el sitio.

Un pequeño grupo de turistas nacionales se baja de la embarcación. La alegría que irradiaban era opacada por las mascarillas en sus rostros. María Ruíz era una de las pasajeras. Cuenta que se animó a ir al archipiélago para olvidar los meses negros de marzo y abril. Ella es de Guayaquil.

Junto a su esposo analizaron la posibilidad de “turistear” en “algún lado” dentro del país. Buscando opciones se decidieron por las islas encantadas. Era su primer viaje a Galápagos.

Sin embargo, hacerse una prueba PCR con hasta 96 horas de anticipación y la presentación de un salvoconducto que es expedido por el hotel donde se alojará el visitante y que debe ser aprobado por el Ministerio de Turismo casi la hacen arrepentirse.

Aunque entiende que los controles de bioseguridad deben ser estrictos por el "bien de todos".

Ya en el archipiélago disfrutó de las maravillas. Los lobos en el muelle, snorkel con tiburones y las hermosas playas. Se siente “orgullosa” de haber contribuido “en algo” con la economía de los isleños.

Población lucha por sobrevivir

Andrés Vergara es un guía naturalista en Santa Cruz. Luego de ocho meses recién pudo acompañar a un grupo de periodistas que hicieron snorkel en isla Santa Fe, la semana pasada. Siete días antes pudo “guiar” a otro grupo de visitantes en una actividad específica.

Son los únicos trabajos que ha realizado en su rama durante la pandemia.

Antes de la aparición del virus hacía al año entre 12 a 15 excursiones de más de una semana de duración. Relata que estos meses han sido duros y que lo único que toca es “sobrevivir”.

En cambio, Carlos empezó a vender desayunos junto a su esposa, ya que en el hotel donde trabajaba no recibe turistas “durante meses”. Se levanta muy temprano todos los días para ayudar a cocinar. El duro esfuerzo no es totalmente recompensado, ya que, la mayoría de días, se quedan “varados”.

La economía es crítica hasta en las tiendas de barrio, cuenta Luisa. Su negocio de víveres reporta bajas ventas. Ella vendía un promedio de entre $150 y $200 diarios el año pasado, pero actualmente solo llega a $60 y solo “un par de días” a la semana.

A la persona que contrató para que le ayudara en el negocio le redujo las horas de trabajo y también el sueldo al 50 %. En la cuadra donde vive, cuenta, han proliferado las “tienditas”. Sus vecinos, entre ellos guías, que se han quedado sin trabajo, sacan “su mesita” y venden “cualquier cosita” o preparan tortillas para generar ingresos.

Ella trata de ayudar a sus vecinos desempleados y les fía víveres. Tiene cuentas por cobrar de más de mil dólares. "Me piden que les fíe dos libras de arroz y huevos, la mayoría tiene hijos pequeños y se me parte el corazón negarme", indica.

Un destino seguro para viajar

Carlos, Andrés y Luisa invitan a los turistas nacionales y extranjeros a visitar las islas, ya que su economía depende mucho de ellos. Afirman que el archipiélago es un lugar seguro donde el COVID-19 se ha controlado de forma "eficiente".

Con esto concuerda el presidente del Consejo de Gobierno de Galápagos, Norman Wray. De hecho, hace pocos días los ministerios de Turismo y Salud entregaron el sello “safe travel al archipiélago, una certificación a nivel internacional por tener los protocolos de bioseguridad necesarios y buen procesamiento de pruebas PCR.

De acuerdo con un análisis realizado por EL UNIVERSO a las cifras oficiales, hasta el domingo 22 de noviembre, Galápagos era la mejor provincia testeada del país con 147 pruebas procesadas por cada 1.000 habitantes.

Impacto económico aumenta presión a recursos naturales

En el mes de julio llegaron 435 personas a las islas, cifra que se lograba en un solo día antes de la pandemia. Por suerte, dice Wray, la cantidad ha ido en aumento y en octubre se registraron más de 3.000 visitantes. El 85 % de los habitantes depende del turismo.

A diferencia de otros años, en los últimos meses más han llegado turistas nacionales.

Wray resalta que Galápagos es un destino seguro. Sin embargo, entiende el miedo de viajar de las personas, especialmente de las que viven en países de origen muy afectados por el virus.

El impacto económico provocado por la pandemia ha aumentado la presión sobre los recursos naturales del archipiélago, poniendo en riesgo los ecosistemas más vulnerables de este Patrimonio Mundial declarado por la Unesco y complicando los esfuerzos de conservación de su biodiversidad, afirma el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Ecuador.

El PNUD, junto al Consejo de Gobierno de Galápagos y la Universidad de San Francisco de Quito, creó la campaña de recaudación de fondos ‘Salvemos las islas Galápagos: Empodera a su gente’ enfocada en apoyar la recuperación económica de sus habitantes a través de la reactivación del empleo y actividades de formación.

Como resultado, la población local tendrá la posibilidad de mejorar o crear pequeñas ideas de negocio para promover el emprendimiento sostenible en la comunidad y al mismo tiempo cuidar los recursos naturales de las islas.

Carlos, Andrés y Luisa agradecen toda iniciativa para lograr la reactivación económica de Galápagos. Ellos están esperanzados con el anuncio de la efectividad de las vacunas contra el COVID-19 y que estas lleguen pronto al país.

Fuente: El Universo