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Revista inglesa Wallpaper* dedica una carta de amor a la arquitectura de Quito

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Los seres humanos solemos expresar los sentimientos mediante palabras que se convierten en cantos de admiración. Por ello, la editora en jefe de la revista Wallpaper*, Sarah Douglas, califica como una “carta de amor” el reportaje dedicado a esta “ciudad en transición” y a todo el país.

En una visita realizada a esa urbe andina en enero, antes de la pandemia, el escritor Hugo Macdonald, el fotógrafo Mark Mahaney y el director artístico Michael Reynolds establecieron una intensa mirada a través de “los arquitectos y diseñadores que ayudaron a crear el Quito moderno”, explica Douglas en su mensaje editorial.

El reportaje, titulado ‘The old gods and the new’ (Los viejos dioses y los nuevos), comienza confesando que sintieron enamorarse de la esencia autóctona al presenciar una ceremonia chamánica en el Jardín Botánico capitalino, en la cual sintieron sumergirse en una cultura que celebra la conexión intensa del ser humano con la naturaleza.

Necesitamos densificar el centro urbano, crear vecindarios y proporcionar una mejor infraestructura de transporte', opinó el experto, cuyos actuales proyectos tienen la forma de torres de departamentos 'impresionantes en escala y ambición'”.

El asombro continuó al contemplar la arquitectura de la iglesia de La Compañía de Jesús, terminada en 1765 después de 160 años de construcción, describiéndola como un “canto espectacular a la devoción católica” que explica por qué el Centro Histórico de Quito fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1978.

La Compañía se lució como parte de un rico legado arquitectónico que los arquitectos contemporáneos han venido acompañando con una visión más moderna, narra Macdonald antes de citar al arquitecto Tommy Schwarzkopf, quien en 46 años de actividad ha construido unos 200 proyectos en esta ciudad de expansión “acelerada y caótica”.

“Necesitamos densificar el centro urbano, crear vecindarios y proporcionar una mejor infraestructura de transporte”, opinó el experto, cuyos actuales proyectos tienen la forma de torres de departamentos “impresionantes en escala y ambición”, califica el reportaje.

Identidad con firmeza

La ambición quiteña trasciende diversas dimensiones. Rómulo Moya Peralta, editor y director de la revista Trama, dedicada a la arquitectura, opinó que los edificios quiteños evidencian a un ciudadano más orgulloso de su identidad. Agregó que el aumento de proyectos hacia un nuevo Quito arquitectónico se debe, en parte, al retorno de jóvenes profesionales que, gracias a sus estudios en el extranjero, aprendieron a valorar su esencia a través de sus diseños.


Ángeles Ortiz, joven diseñadora y curadora quiteña que estudió en Londres, indicó que el rápido desarrollo de Quito en la última década había relegado aspectos importantes de su herencia cultural. “(Ahora) estamos recuperando nuestra identidad y descubriendo quiénes somos y qué nos hace especiales, aquí mismo”.

Ortiz lo demuestra con una instalación intrigante que diseñó para Cuyana (“amor” en quichua), marca de ropa y accesorios con esencia ecuatoriana que se promueve en Estados Unidos. La obra fue elaborada con 164 discos tejidos de paja toquilla, similares a los sombreros, provenientes de Sígsig (Azuay). Su propósito, además de lo artístico, fue revalorizar el trabajo de las mujeres humildes dedicadas a esa actividad, indica el reportaje.


Ese trabajo encuentra antecedentes, según Wallpaper, en las artesanías elaboradas por Olga Fisch, artista judía húngara que emigró a Ecuador en 1939 y que volcó su creatividad hacia lo autóctono. Su casa en Quito se convirtió en un destino para los viajeros, incluida una exdirectora del MoMA que catapultó a Fisch y la artesanía ecuatoriana hacia la élite de Estados Unidos. “Sus alfombras fueron compradas por los Rockefeller, Kissinger y Kennedy, el Met y el MoMA”, relató a esta publicación Margara Anhalzer, bisnieta y custodia de su legado.

Tiempos de modernidad

Wallpaper extiende su narración para recordar a los arquitectos checos Otto Glass y Karl Kohn, a quienes se les atribuye la introducción de los principios del modernismo en la arquitectura local. La Casa Vera Kohn, construida por Karl para su esposa, recibió el premio al ornato en 1952 al mejor edificio nuevo de la ciudad. “La energía aquí (en Quito) es extrañamente espiritual”, explica Katya, artista e hija de Kohn. “He notado que hoy existe un hambre de conectarse con una espiritualidad que es más antigua y más fundamental que la Iglesia”.

“Como ciudad y comunidad, debemos valorar nuestro sentido del lugar, nuestra cultura, tradiciones y el potencial de la arquitectura para conmemorar nuestra identidad”. Daniel Moreno Flores.”

La visión modernista floreció en la capital en las décadas de 1960 y 1970 para inspirar a jóvenes arquitectos como Milton Barragán Dumet, hoy de 86 años, cuyos edificios son “esculturas monolíticas de hormigón, hazañas tanto de ingeniería como de artesanía”, califica Wallpaper, los cuales muestran un legado que fue tomado por la siguiente generación de profesionales.

La revista estadounidense señala que uno de esos herederos es Daniel Moreno Flores, de 35 años, quien gusta de trabajar con materiales reciclados y busca escapar de las restricciones formales de la arquitectura para inspirarse en las divertidas posibilidades de la artesanía. Su talento se evidenció como uno de los artífices del mirador Shalalá en la laguna del Quilotoa y del Hospital Psiquiátrico de San Lázaro. “Como ciudad y comunidad debemos valorar nuestro sentido del lugar, nuestra cultura, tradiciones y el potencial de la arquitectura para conmemorar nuestra identidad”, dijo.

“La inteligencia ancestral es una parte fundamental del tejido de nuestra sociedad”, agregó Moreno Flores a Wallpaper, para luego concluir: “La mezcla de lo ancestral y lo moderno conforman lo contemporáneo. Se siente apropiado para nosotros, en este lugar, en este momento”. Es su declaración final de amor y compromiso hacia un Quito atemporal que encuentra un lugar de privilegio en todas las generaciones.