Magistrado asistió sin pantalones a sesión virtual en Brasil

Un magistrado del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Brasil asistió a una sesión por videoconferencia de toga y sin pantalones, como pudo verse en un video que fue publicado en las redes sociales y que ya se ha viralizado en el país.

El magistrado Néfi Cordeiro, miembro de la Sala Sexta del segundo tribunal más importante de la justicia brasileña, fue descubierto en calzoncillos por la cámara de su computador cuando se levantó de su escritorio para tomar su celular, en plena sesión.

Según las imágenes del video, el juez vestía chaqueta de paño oscura, camisa blanca, corbata gris a rayas diagonales y la toga usada tradicionalmente por los miembros de las altas cortes en Brasil.

Al levantarse, la cámara además de revelar sus piernas desnudas, también evidenció la falsa biblioteca que utilizó de fondo para la sesión.

Desde que la pandemia llegó a Brasil hace cerca de ocho meses, las sesiones de las altas cortes son realizadas de forma virtual con aplicaciones de videoconferencia y transmitidas por Internet para garantizar la transparencia al público.

No obstante son varios los percances que han sufrido algunos miembros del sistema judicial del gigante suramericano. Un juez de la Corte de Justicia del estado de Amapá apareció sin camisa en una reunión con otros compañeros, por no saber que la grabación ya había comenzado y un fiscal en Paraíba fue sorprendido durmiendo una siesta de unos tres minutos durante una sesión.

La falta de costumbre en el manejo de las nuevas tecnologías han causado contratiempos de este tipo a nivel mundial.

Uno de los casos más sonados ocurrió a finales de septiembre cuando el diputado argentino Juan Emilio Ameri fue apareció acariciando a su mujer durante una sesión de la Cámara Baja que estaba siendo transmitida en directo.

EFE

Brasil: El emotivo mensaje de Ronaldo a Neymar en Instagram

Brasil goleó y gustó en sus dos participaciones. No hay dudas que Brasil es el mejor equipo de Sudamérica y quedó demostrado con sus victorias ante Bolivia y Perú. Claro que el elenco dirigido por Tite contó con una actuación descollante de Neymar Jr, su figura indiscutida.

Claro que en el último encuentro disputado en el Estadio Nacional de LimaNey no solo fue la bandera de su equipo y el líder futbolístico, sino que se despachó con un hattrick que le permitió quedar como segundo máximo goleador de la historia del Scratch. Con esta marca, el jugador del París Saint-Germain superó a una leyenda como la de Ronaldo Nazario, quien lejos de lamentarlo le dedicó un emotivo mensaje al diestro de 28 años en sus redes sociales para felicitarlo.

“¡Todo mi respeto para ti Neymar Jr! Juega mucho, da asistencias, juega, regatea y golea. El cielo es el límite. ¡Vuela, chico! Qué hermosa historia estás escribiendo. Un jugador completo y cada vez más maduro. ¡Crack! Sé lo pesada que es la Amarelha y manejar la presión fuera del campo a veces es más desafiante que con el balón al pie. Ahora dime: de dónde venimos, de dónde llegamos … ¿quién nos va a decir qué es imposible? Sigue confiando en tus instintos porque el talento es tuyo y nadie te lo puede quitar. Tiene muchos récords que superar y sus marcas que dejar. ¡Orgulloso de ver a un brasileño en la cima!”, publicó en su cuenta de Instagram el Fenómeno junto a una foto de Neymar festejando el primero de sus tres gritos de ayer.

Claro que la foto escogida por el Gordo y la celebración de Ney no son casualidad. Luego de marcar el primer tanto, mediante un penal, a los 28 minutos del primer tiempo, el ’10′ de la Canarinha salió a corriendo festejar agitando su dedo índice de la mano derecha, un gesto que el propio Ronaldo había convertido en su marca registrada a la hora de gritar los goles.

Ya en el segundo tiempo, Neyse hizo cargo nuevamente de la ejecución de un nuevo penal y con un disparo similar al anterior, estampó el 3-2 a los 37 minutos, mientras que a los 48 minutosliquidó el partido tras aprovechar un rebote en el palo de Everton Ribeiro y mandarla al fondo de la red para decretar el 4-2 definitivo.

Así, el ex Barcelona sumó 64 gritos con la camiseta de su país, superando a Ronaldo (62), y quedando como único escolta de Pelé, quien lidera todavía cómodo, con 77.

Entrevista inédita a Maradona en Italia 90 antes de Brasil

El material se dio a conocer como homenaje en el mes que cumplirá 60 años. “Nosotros sabemos bien que somos inferiores a Brasil. Pero que los argentinos se queden tranquilos que el milagro existe en el fútbol y que nosotros queremos hacer el milagro”, anunciaba por entonces

“Hay cosas que ni Maradona vio…”, anunciaron en la presentación del material que fue sacado a la luz como parte de un homenaje en el mes de los 60 años del Diez. Un Diego Maradona con 30 años, en ojotas, irrumpe en el entrenamiento de la selección argentina a días de enfrentar a Brasil por los octavos de final del Mundial de Italia 90. La gran noticia por esas horas era el tobillo lesionado del capitán argentino.

“Aquí llega Diego, ¿cómo está maestro?”, lo presenta el periodista Enrique Moltoni en la entrevista que compartió el noticiero TeleNueve y que fue presentada como “material inédito”. “Bien…”, advierte un Maradona con cierta incomodidad.

— Estamos preocupados por vos

— Yo estoy más preocupado que todo el mundo porque la lesión la tengo…

— ¿Dónde es la lesión Diego?

— Aquí, la podés mirar

“Fijense ustedes, esta es la lesión”, advierte Moltoni mientras le toma el tobillo izquierdo con su mano y lo muestra a cámara para dar fe de las palabras del líder de un equipo que había perdido con Camerún en el debut de la fase de grupos, pero había logrado la clasificación tras vencer a la Unión Soviética (2-0) y empatar con Rumania (1-1).

“Decían que yo había inventado… Entonces se la muestro a los argentinos más que nada, a los italianos no. A los italianos no porque no creen nada, creen que es todo invento. No le creen al doctor Madero. No voy a la conferencia de prensa y dicen: ‘¿Por qué no viene? Hay que multarlo’. Y yo tenía el pie que no podía caminar», reclama Maradona en ese segmento del por entonces llamado Nuevediario.

Aquel 24 de junio de 1990, Maradona fue protagonista estelar del clásico contra Brasil por los octavos de final. Tras sufrir durante todo el partido contra un equipo que había clasificado con puntaje perfecto en su grupo tras superar a Suecia, Costa Rica y Escocia, hizo una magistral jugada para dejar habilitado a Claudio Paul Caniggia, quien anotó un gol histórico.

“Sí, te vimos muy mal y no te quisimos molestar por eso. ¿Qué pensás para el domingo?”, le preguntó el periodista. “Que en fútbol existen los milagros. Nosotros sabemos bien que somos inferiores a Brasil, eso no lo podemos esconder. No se lo voy a esconder yo a los argentinos. Pero que los argentinos se queden tranquilos que el milagro existe en el fútbol y que nosotros queremos hacer el milagro”, reconocía Diego.

En esa entrevista también hace una particular referencia a una polémica que se había generado por sus salidas a las “discotecas”.

— Cuántas cosas que se escribieron ayer, ¿no? Que te habías ido a una discoteca, una cantidad de cosas… Es increíble, ¿no?

— Yo estoy tranquilo. Sé lo que hago. Tengo 30 años. Ya lo hablamos muchísimas veces. Las discotecas, las discotecas me gustaron siempre… Lo que pasa es que ahora estoy en un Mundial que es mi vida, es mucho más importante que una discoteca…

Argentina venció a Brasil 1-0 en octavos de final y se encaminó a la final tras ganarle por penales a Yugoslavia (0-0) y al local Italia (1-1). Finalmente, el camino terminaría con una derrota polémica ante Alemania en la final por 1-0.

Otra imagen emblemática de aquel Mundial: Maradona en la final del 90 mientras Codesal lo amonesta (Foto: Grosby

A 30 años de ese suceso, Maradona revivió su dolorosa lesión en el tobillo meses atrás en una entrevista con Infobae: “Pocas veces sentí tanto dolor como en ese Mundial. No sé cómo me aguantó el tobillo. Me acuerdo que me lo rompen con Rumania de un puntinazo. Ese partido, muchos no se acuerdan, pero fue tremendo, nos cagamos a patadas. Porque ellos dieron, pero nosotros también. Me acuerdo que llegué al vestuario en el entretiempo y no podía pisar. El médico me dijo que no podía salir al segundo tiempo. ¡Era el partido que nos clasificaba o nos dejaba afuera! Ni muerto me lo perdía. Así que me infiltraron en el vestuario y salí a jugar así”».

«De ahí en más todos los partidos me infiltraban y, en la medida que pasaban los días, peor se me ponía el tobillo. En el partido con Brasil, cuando le doy el pase a Cani, sentí un pinchazo tremendo. Yo me quedé tirado viendo cómo Cani hacía el gol y sentía un dolor infernal. Creo que me levanté de la alegría del gol, pero no sentía el tobillo”, recordó de su emblemática asistencia al Cani.

Yo sentía como que me agarraban el tobillo con una tenaza y me lo retorcían. Solo no sentía dolor en los 90 minutos, porque lo único que me importaba era dejar todo en la cancha. Casi no me entrené en todo el Mundial por el dolor. No me ataba los cordones, en la concentración andaba en ojotas y las ganas que tenía fueron las que me hicieron llegar hasta el último partido», reconoció.

Fuente: Infobae

Estudio: vacuna contra la gripe protegería contra covid-19

Investigaciones recientes señalan que vacunarse contra la gripe podría ofrecer una protección vital contra el covid-19, debido a que la vacuna puede preparar al sistema inmunológico para atacar y destruir el coronavirus invasor, reduciendo las muertes por esta enfermedad en más de un tercio, se señala en una publicación del sitio web Daily Mail.

En Reino Unido este año se desarrolla el plan de inmunización más grande que se haya realizado, con el objetivo de evitar el colapso del sistema de salud. La preocupación es que se perderán muchas más vidas si las personas contraen la gripe y el coronavirus juntos. Un estudio del Public Health England mostró que el riesgo de muerte se duplica si eso sucede.

Dos importantes estudios, en Italia y en Brasil, que analizaron a más de 100.000 pacientes, encontraron que la vacunación rutinaria contra la influenza redujo las admisiones hospitalarias por covid-19 y la necesidad de cuidados intensivos entre los infectados.

“Estos hallazgos, de estudios que involucran a un gran número de personas, son realmente importantes», indicó Peter Openshaw, profesor de medicina experimental en el Imperial College de Londres.

Los investigadores detrás de los hallazgos, en la Universidad de Milán en Italia y la Universidad de Sao Paulo en Brasil, dijeron que la evidencia es tan convincente que todos los gobiernos deberían realizar campañas de vacunación contra la influenza como una de las mejores formas de proteger a las poblaciones contra el coronavirus.

Conclusiones de ambos estudios

Para el estudio italiano, publicado en la revista Vaccines, los investigadores estudiaron las tasas de coronavirus en los mayores de 65 años para comparar las tasas de infección, las admisiones hospitalarias y las muertes por el virus en áreas con alta absorción de la vacuna contra la influenza y áreas donde pocas personas recibieron la vacuna.

Los resultados mostraron que en áreas donde menos del 30 por ciento de los pacientes elegibles fueron vacunados contra la gripe, la tasa de mortalidad por covid-19 fue de alrededor de 150 por cada 100.000 habitantes. Pero en las regiones donde la vacunación alcanzó el 70 por ciento, las muertes no llegaron a más de diez por cada 100.000 habitantes.

El estudio de Brasil rastreó a más de 90.000 pacientes con covid y encontró que las tasas de mortalidad eran hasta un 35 por ciento más bajas entre los que recibieron una vacuna contra la gripe en comparación con los que no.

Ambos equipos llegaron a la conclusión de que la explicación más probable es que las vacunas contra la influenza de alguna manera aceleran el sistema inmunológico lo suficiente como para al menos desacelerar la marcha del coronavirus.

La mayoría de las aproximadamente 100 vacunas de covid-19 que se están desarrollando se fabrican con rastros de la proteína ‘pico’ que se encuentra en la superficie del virus o con fragmentos de su material genético.

La idea es que el sistema inmunológico reconoce el material del virus en las vacunas como extraño y crea células que luchan contra las infecciones (conocidas como anticuerpos y células T) para combatir el covid-19. Estas vacunas están diseñadas para funcionar contra esta enfermedad y nada más.

Pero a principios de este año, Good Health informó cómo los científicos estaban investigando evidencia de que las vacunas no relacionadas con el coronavirus también parecían estar reduciendo las tasas de infección y muerte. Dos en particular, la vacuna MMR (paperas, sarampión, rubéola) y la vacuna BCG, estaban generando entusiasmo entre los científicos. Están hechos con versiones «vivas» pero debilitadas de los virus o bacterias a los que se dirigen.

Este elemento «vivo» parece poner en alerta a todo el sistema inmunológico. Pero lo desconcertante de los últimos hallazgos es que las vacunas contra la gripe utilizadas en Italia y Brasil no contienen ningún material vivo.

«Las vacunas parecen estar entrenando al sistema inmunológico para que reaccione al coronavirus, en lugar de crear nuevos anticuerpos o células T para combatir la infección, que es normalmente la forma en que funciona una vacuna para un patógeno específico», dice el profesor Openshaw.

El doctor Rupert Payne, profesor consultor senior de atención médica primaria en la Universidad de Bristol, agrega: «Quizás la vacunación contra la influenza de alguna manera aumente la capacidad del sistema inmunológico para eliminar el virus o reduzca la respuesta inmune excesiva que vemos en aquellos pacientes que requieren cuidados intensivos».

Brasil supera marca de 5 millones de casos de coronavirus

Brasil superó el miércoles la marca de 5 millones de casos confirmados de covid-19 y se acercó a las 150 000 muertes, en el segundo brote de coronavirus más mortal después de Estados Unidos.

Aunque la cantidad de casos diarios ha bajado desde un pico en julio, expertos en salud advierten que Brasil está ignorando las precauciones de distanciamiento social y se enfrenta al peligro de una segunda ola al volver a la normalidad demasiado rápido.

El Ministerio de Salud informó el martes 31.553 nuevos casos, elevando el total a 5.000.694, y otras 734 muertes, con lo que la cifra de fallecidos asciende a 148.228. El promedio diario móvil de la semana pasada fue de 658 muertes por día, frente a los 1.073 fallecimientos diarios de la última semana de julio.

El promedio de casos nuevos fue de 26 140 días, casi la mitad de la tasa de finales de julio.

El epidemiólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Roberto Medronho, advirtió que las cifras podrían ser mucho mayores si las pruebas de covid-19 estuvieran más extendidas.

«Pronto alcanzaremos las 150 0000 muertes, una cifra alarmante», dijo Medronho a Reuters. «Estamos viendo que las autoridades alivian cada vez más las normas de distanciamiento social a pesar de la cantidad de casos».

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha minimizado la gravedad del virus, a pesar de que estuvo infectado y tuvo que aislarse durante dos semanas. El político de ultraderecha se ha opuesto a las cuarentenas y ha alentado a los brasileños a volver a la normalidad para que la economía pueda recuperarse de lo que se espera sea su caída anual más profunda.

A medida que termina el invierno y aumentan las temperaturas tropicales, los brasileños se están reuniendo en playas abarrotadas y en bares y restaurantes sin tomar precauciones, advirtió Medronho.

«Me temo que tendremos una segunda ola como en Europa, lo que es una gran preocupación para los funcionarios de salud pública», sostuvo.

Fuente: Reuters

Los fallecidos diarios por coronavirus son alarmantes, aún después del millón

Han pasado diez meses desde que la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China detectó el primer caso de coronavirus en la ciudad de Wuhan e hizo pública la crisis sanitaria. Desde entonces, la pandemia ha causado más de un millón de víctimas mortales reportando una segunda ola de contagios en Europa, una región cuyas cifras diarias habían descendido de manera considerable luego de ser la más afectada después de China

Coronavirus

Durante este martes,se registraron en el mundo 5.653 nuevas muertes y 288.127 contagios. Los países que más fallecidos registraron según los últimos balances oficiales son India con 1.179, Estados Unidos (871) y Brasil (863). La cantidad de muertos en Estados Unidos asciende a 206.005 con 7.191.349 contagios. Las autoridades consideran que 2.813.305 personas sanaron.

Después de Estados Unidos, los países con más víctimas mortales son Brasil con 142.921 muertos y 4.777.522 casos, India con 97.497 muertos (6.225.763 casos), México con 77.163 muertos (738.163 casos) y Reino Unido con 42.072 muertos (446.156 casos). Entre los países más golpeados, Perú registra la mayor tasa de mortalidad, con 98 decesos cada 100.000 habitantes, seguido de Bélgica (86), Bolivia (68), España (68) y Brasil (67).

India

Números por regiones

China, sin tener en cuenta los territorios de Hong Kong y Macao, registró un total de 85.384 personas contagiadas, de las que 4.634 murieron y 80.566 sanaron totalmente. El miércoles a las 11H00 GMT y desde el comienzo de la epidemia, América latina y el Caribe sumaban 344.986 fallecidos (9.324.712 contagios), Europa 231.951 (5.440.587), Estados Unidos y Canadá 215.330 (7.348.038), Asia 138.029 (8.133.468), Medio Oriente 45.157 (1.966.061), África 35.670 (1.475.239) y Oceanía 970 (31.637).

Fuente: El Intra América News

Jair Bolsonaro reacciona ante lo que llamó «desastrosa y gratuita» amenaza de Joe Biden

El presidente Jair Bolsonaro lamentó este miércoles la «desastrosa y gratuita» amenaza lanzada por el candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, para que Brasil frene la deforestación amazónica.

«Me cuesta de entender, como jefe de Estado que reabrió plenamente su diplomacia con Estados Unidos, después de décadas de gobiernos hostiles, tan desastrosa y gratuita declaración. Lamentable, Sr. Joe Biden, desde todos los puntos de vista, lamentable, escribió en Twitter.

En su primer debate con el presidente saliente Donald Trump, Biden dijo anoche que si gana las elecciones del 3 de noviembre reunirá un paquete de 20.000 millones de dólares de varios países para que Brasil deje de deforestar.

«‘Aquí hay 20.000 millones de dólares. Paren de deforestar’. Si no lo hacen, eso tendrá consecuencias económicas significativas», afirmó.

Antes de las afirmaciones de Bolsonario, este miércoles, el ministro brasileño de Medio Ambiente, Ricardo Salles, ironizó con un breve tuit: «Sólo una pregunta, la ayuda de los USD 20 mil millones de Biden, ¿es por año?».

Aliado de Trump, el gobierno del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro enfrenta una gran presión internacional para frenar el avance de la deforestación, una de los principal causas de los incendios en la mayor selva tropical del planeta.

En 2019, la tala de árboles tuvo un aumento anual de 85,3%, totalizando una cifra récord de 10.123 km2, una superficie equivalente a la de Líbano.

En agosto, la deforestación registró una caída de 21% respecto a agosto del año pasado, aunque entre enero y agosto la reducción fue de apenas 5% en comparación con el mismo periodo de 2019.

La semana pasada, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Bolsonaro afirmó que Brasil «es víctima de una de las más brutales campañas de desinformación sobre la Amazonía y el Pantanal», el mayor humedal de agua dulce del mundo, otro bioma que está siendo arrasado por los incendios.

Las ONG ambientalistas atribuyen a Bolsonaro la responsabilidad del alarmante aumento de la deforestación y los incendios, pues defiende la apertura de la Amazonía a la explotación minera, energética y agropecuaria.

Al igual que Trump, el mandatario brasileño es un escéptico del cambio climático.

Biden promete lucha contra cambio climático

En el debate, Biden, que lidera las encuestas, insistió en que si gana las elecciones reintegrará a Estados Unidos al Acuerdo de París sobre el Clima, del que Trump retiró a su país.

«Me uniré al Acuerdo de París porque con nosotros fuera de él, mire lo que está pasando. Todo se está cayendo a pedazos (…). Las selvas tropicales de Brasil están siendo devastadas. En esa selva tropical se absorbe más carbono que el que emite Estados Unidos», dijo. 

Fuente: El Universo

Los curas homosexuales, silenciados por la iglesia en Brasil

A media noche, en un seminario católico en Sao Paulo, un aspirante al sacerdocio se martirizaba: «¡En nombre de Jesús, demonio de la homosexualidad, sal de mí!».

Acostado en su cama en la habitación que compartía con dos religiosos, Rafael*, quien tenía entonces 20 años, enterró las uñas en las palmas de sus manos hasta sentir dolor y rezó una y otra vez.

Insomne, caminó hacia el baño y, furioso y llorando, agredió su órgano sexual y lo envolvió en cubitos de hielo.

En otras ocasiones se había acostado en el suelo frío o quedado bajo una ducha fría hasta el amanecer, rezando y suplicando. «Espíritu enemigo, manifestación del mal. ¡Sal de mí!»

Esas oraciones y los tormentos eran parte de un ritual nocturno que el seminarista llamó «exorcismo de la homosexualidad«.

En esas noches, Rafael rogaba dejar de ser una persona «desordenada», como en los documentos de la Iglesia católica definen a los hombres y mujeres homosexuales.

«Señor, cúrame de todas las tendencias homosexuales», suplicaba el estudiante, que había llegado a la capital del estado de Sao Paulo dos años antes.

Desde las primeras lecciones que recibió cuando ingresó en un seminario diocesano en 1994, Rafael sintió el peso de una contradicción insuperable en las reglas de la Iglesia: durante años, sus líderes habían dicho que la homosexualidad es «contraria a la ley natural» y que los hombres con «tendencias homosexuales fuertemente arraigadas» no pueden ser sacerdotes.

Para Rafael, el tormento aumentó después de los retiros anuales de su seminario, en el interior de Sao Paulo.

Frente su audiencia de seminaristas, los sacerdotes reforzaron la idea de que la homosexualidad era una «enfermedad», un «fruto de la acción del mal».

La idea de tener que «curarse» persiguió a Rafael durante mucho tiempo.

Nueve años después de las noches de exorcismo en el seminario, ya ordenado sacerdote, escribió en una especie de carta dirigida a Dios.

«Estoy cansado de pretender ser quien no soy. Quiero descansar», recuerda Rafael, hoy sacerdote en las afueras de Sao Paulo.

«Por favor, Dios, llévame. Prefiero la muerte».

Soledad

Las historias de los sacerdotes homosexuales se viven en secreto, se discuten solo entre ellos, se tratan en guetos dentro de las congregaciones, bajo el temor de la persecución y la caza de brujas.

O, simplemente, en soledad.

No hay estadísticas oficiales sobre el número de sacerdotes católicos homosexuales en Brasil.

De los 27.000 sacerdotes en el país, no hay uno solo que actualmente ejerza el sacerdocio y haya revelado públicamente su homosexualidad. En Estados Unidos, poco más de 10 han hablado públicamente sobre su orientación sexual.

Sin embargo, docenas de sacerdotes e investigadores brasileños sobre el tema estiman que el número de homosexuales entre los religiosos del país es significativo.

Curas, educadores del sacerdocio y académicos que hicieron comentarios para este reportaje estiman que, de los hombres en el clero, al menos un 30% son homosexuales.

Un sacerdote gay del estado de Ceará le dijo a BBC News Brasil que, en su orden religiosa del noreste del país, «al menos un 80%» de sus colegas tienen esa orientación.

Un seminarista dijo al informe que, en su clase de 40 estudiantes en el interior de Sao Paulo, 30 eran homosexuales.

Y un investigador que estudia en un monasterio católico en el noreste del país dice que el «90% del clero es gay».

Seis sacerdotes y seminaristas homosexuales de cinco estados brasileños acordaron compartir sus historias, a lo largo de un mes, para este reportaje de BBC News Brasil.

Todos pidieron mantener el anonimato, por temor a las represalias.

Aun si practican el celibato, según lo dictaminado por la doctrina católica, si sus superiores consideran que tienen una orientación sexual inadecuada, pueden ser expulsados ​​de la Iglesia.

Un sacerdote de Bahía dijo, antes de aceptar a conceder la entrevista: «Mi vida depende de este anonimato».

Y es que, podría perder no solo su trabajo, sino también su hogar, el seguro de salud, la jubilación y a los amigos.

Tendría que abandonar la parroquia que dirige hoy, en el interior de Bahía, con «una bolsa de ropa vieja», unos pocos cientos de reales en su cuenta bancaria y sin tener idea de qué hacer después.

Curas gay en el fuego cruzado

En los últimos años, el debate sobre cómo debería lidiar la Iglesia con la homosexualidad entre sus filas ha aumentado.

En 2013, al responder una pregunta sobre la influencia de los sacerdotes gay en el Vaticano, el papa Francisco dijo su famosa frase, «¿Quién soy yo para juzgar?», algo que llenó de esperanza a los católicos LGBT.

Al año siguiente, en el Sínodo sobre la Familia, el Papa hizo una referencia directa a los «dones y cualidades» de los homosexuales y preguntó si la Iglesia los «podría acoger».

El aparte no logró el número necesario de votos de los obispos para aparecer en el documento final de la reunión, pero fue recibido como una nueva forma de abordar el tema.

La reacción en los sectores católicos tradicionales fue fuerte.

Hay quien señala que el intento de una mayor apertura habría influido en una campaña contra el Papa que se vio agravada por la acusación de que Francisco encubrió o toleró el abuso sexual de menores por el excardenal estadounidense Theodore E. McCarrick (luego expulsado de la Iglesia por el Papa).

En una carta abierta, un exembajador del Vaticano en Washington, Carlo Maria Viganò, incluso solicitó la renuncia del sumo pontífice y denunció la presencia de una «mafia rosa» en la Santa Sede.

Según Viganò, este grupo abogaría por dar más poder al clero homosexual y encubriría casos de pedofilia.

Las docenas de estudios llevados a cabo en varios países nunca han encontrado una relación entre ser gay y abusar sexualmente de niños.

Aún así, los obispos y los cardenales de esos mismos sectores tradicionalistas insisten en señalar a los sacerdotes homosexuales como la causa del problema dentro de la Iglesia.

En manifestaciones posteriores sobre el clero gay, el propio Papa pareció volverse más crítico.

Dijo, en mayo de 2018, que la homosexualidad está «de moda» y que «es mejor que abandonen el sacerdocio que continuar viviendo una doble vida».

Finalmente, en una nueva apertura, en septiembre, Francisco recibió al sacerdote jesuita James Martin, un defensor de la causa gay entre los sacerdotes.

La reunión fue vista como una nueva señal de apoyo del pontífice para dar la bienvenida a los homosexuales.

Brasil

En Brasil, la posición de la Iglesia católica es idéntica a la tradición del Vaticano.

En respuesta a las preguntas de BBC News Brasil sobre quién puede convertirse en sacerdote, el arzobispo primado de Brasil, Dom Murilo Krieger, citó la última instrucción publicada por la iglesia en 2005, la que dice que uno no puede «admitir en seminarios y órdenes sagradas a los que practican la homosexualidad «, presentan «tendencias homosexuales profundamente arraigadas» o «apoyan la llamada ‘cultura gay'».

El texto que cita el primado de la Arquidiócesis de Brasil se hizo válido en los primeros meses del papado de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, y es el más restrictivo en relación a los homosexuales.

La instrucción repite las normas que ya aparecieron en el Catecismo de la Iglesia (conjunto de reglas de la doctrina católica para todos los países), escrito por el propio Ratzinger, entonces cardenal, en 1986.

Por aquel entonces era el líder de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una entidad del Vaticano responsable de defender la tradición e ideas teológicas de la Iglesia.

El texto sigue hoy en vigor y define a las personas homosexuales como «objetivamente desordenadas».

En este contexto, en las iglesias nacionales hay sacerdotes homosexuales que guardan silencio sobre los impactos de las disputas entre los sectores tradicionales y progresistas de la Iglesia, y los grupos de fieles fuera de ella.

Como dijo un sacerdote gay del interior de Bahía, querer avanzar en la discusión sobre acoger al clero gay en la Iglesia, en este momento de división, es «pedir ser apedreado».

«Hay una sensación de que, con Francisco, es ahora o nunca. Pero, así como en la doctrina, nada cambia. Y aunque que haya más miembros del clero que quieran hablar, la angustia solo aumenta porque no se sienten seguros para hacerlo».

A su vez, la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) declaró que en sus asambleas internas no se ha debatido sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales en los últimos años ni se está haciendo en la actualidad.

Así, muchos de estos sacerdotes se encuentran en una encrucijada, entre las aperturas iniciales de Francisco, la postura distante de la Iglesia católica en Brasil y la franca agresividad de los sectores ultratradicionales.

Y ante ello, llevan sus vidas en silencio, en la cotidianidad de las parroquias del interior del país y también en las grandes ciudades brasileñas, sin revelar quiénes son realmente

En el Sínodo sobre la Familia de 2014, el papa Francisco hizo una referencia directa a los «dones y cualidades» de los homosexuales y preguntó si la Iglesia «podría» darles la bienvenida.

Nunca en parejas

Los aspirantes al sacerdocio aprenden cómo funciona el armario católico en el seminario.

Muchas de las normas de estos claustros de formación existen solo para combatir las «tendencias homosexuales» entre los seminaristas, como recuerdó el padre Rafael, quien tiene ahora 45 años, durante una conversación mantenida con BBC News Brasil en la cocina de la sencilla casa donde vive, cerca de su parroquia en Sao Paulo.

Dice que caminar en parejas por los pasillos y los patios por la noche, por ejemplo, no era algo que se viera con buenos ojos.

Los dormitorios siempre los compartían tres o cinco seminaristas, «nunca dos, ni cuatro», recuerda.

«Era una regla que todos entendían: evitar la formación de parejas», dice el sacerdote.

«Pero lo que terminó inhibiendo fueron las amistades».

Miraban las noticias después de la cena, o iban al cine, solo si los seminaristas estaban en números impares.

«Causa una atmósfera tensa, no natural y pacífica. Siempre hay ojos puestos en ti. Y eso dura siete u ocho años», comenta otro seminarista.

Dos seminaristas con los que conversó BBC News Brasil (uno de Minas Gerais y el otro de Piauí) revelaron reglas similares en sus rutinas.

«¿Quién puede pensar que este es un buen ambiente para que una persona tenga una base emocional saludable?», se pregunta el padre Rafael.

«Es importante tener un buen desarrollo emocional para estar bien contigo mismo y luego poder servir bien a los fieles. ¿No es esa la razón de ser de la Iglesia?»

Desde sus años de formación, Rafael también acarrea un sentimiento de culpa.

Según el catecismo de la Iglesia, la masturbación se considera un pecado grave, porque representa un acto sexual cuyo propósito no es la reproducción.

Además, si involucraba pensamientos homosexuales, era una «manifestación del demonio», una «sensación horrible», explica Rafael, y sobre la cual no podía hablar con nadie, por temor a ser expulsado.

Durante este período juvenil, entre 20 y 25 años, el seminarista consideró diferentes estrategias para combatir este «mal».

Además de aplicarse hielo en los genitales, quería tener un cinturón de castidad («pensé que una cerradura lo resolvería») y decidió dejar de comer sus platos favoritos («una idea de purificación ante el placer»).

Otro sacerdote gay, Aurelio*, quien es ahora el párroco de una ciudad mediana del interior de Bahía, dice que en su seminario, a principios de la década de 2000, se mencionó a los santos católicos «exitosos» en la represión de la sexualidad como ejemplos a seguir.

San Francisco de Asís, dijeron los preparadores, se habría arrojado sobre las espinas de un rosal o a la nieve si sintiera impulsos sexuales demasiado fuertes.

A los 20 años, Aurelio pensó que la falta de sueño le ayudaría a frenar sus deseos, según él intensos en aquel momento.

«Me forcé a dormir un máximo de tres horas por noche. Trabajaba extra, pasaba las noches en vela, me cansaba mucho», recuerda.

«Pensé que si estaba realmente cansado, no tendría deseos».

Como resultado, perdió más de 10 kilos y, una mañana, se cayó de la cama y durante días no pudo levantarse.

Por aquel entonces la confesión fue una suerte de alivio.

«Solía ​​ir al confesionario en bata. Salía del baño muerto de culpa por tener placer sexual solo», recuerda el padre Rafael.

«Fue un alivio incompleto. El confesor no me inspiraba confianza, así que no le hablé de mis fantasías por temor a ser perseguido. Poco después me volví a sentí culpable», recuerda.

«La sexualidad fue un infierno, día y noche. Un terror».

En las clases de doctrina, las dudas se multiplicaron.

«¿Masturbación, un pecado grave? Honestamente ¿está Dios preocupado de si te tocas? Y luego vas al confesionario y no dices que trataste mal a los pobres, que manchaste la imagen de alguien… El único pecado era la sexualidad», dice Rafael .

«Demonicé esa parte de mí. Me di cuenta de que tenía la ‘tendencia’ y me volví loco. Recuerdo el día en que me dije:’Dios mío, sospecho que soy gay. Ni siquiera merezco estar vivo‘».

En su seminario, Rafael escuchó por primera vez una expresión común en aquel contexto: las «amistades privadas«.

Así llamaban los superiores a las relaciones entre los jóvenes que creían que eran homosexuales.

«‘No podemos ceder a las amistades privadas’, nos decían, y era una regla que siempre se repetía», dice Rafael.

«Era una forma de decir que la cercanía entre amigos estaba cayendo en ‘anormalidad’. Lo viví. ‘Mira quién viene, una amistad privada’, solíamos oírles decir mi mejor amigo y yo».

Pero Rafael estaba decidido a vivir célibe y también a disipar las sospechas de que no respetaba esta regla.

«La consecuencia es que los seminarios capacitan a adultos jóvenes muy inmaduros emocionalmente».

Vivir en celibato es un desafío para cualquier sacerdote, ya sea heterosexual u homosexual.

¿Por qué insistir en ser cura?

Rafael terminó su preparación en 2002 y, una vez ordenado, encontró la paz por un tiempo. Vivir en celibato es un desafío para cualquier sacerdote, se dijo a sí mismo, ya sea homosexual o heterosexual.

La idea de una «iglesia para los pobres» fue lo que lo atrajo y Rafael, como los sacerdotes que aceptaron contar sus historias en este reportaje, no tiene dudas sobre que escuchó la «llamada» y no pone en tela de juicio su vocación.

«Sentí que tenía lo necesario para ser un buen sacerdote. Nunca dudé de eso. La iglesia que me atrae es la que está con la gente, que dona, ayuda a los necesitados; la iglesia que te prepara para hacer frente a la vida y no la que le da la espalda a lo diferente», dice.

«Es la idea lo que me mantiene en pie incluso hoy, incluso si no la acepto completamente».

Dedicado, el padre Rafael asumió un cargo dentro de su diócesis que lo colocó en una relación de autoridad sobre otros sacerdotes.

Fue entonces cuando volvió a sentir el peso de la contradicción en relación con la institución que lo había acogido.

«Me preguntaba: ‘¿Cómo puedo ser responsable de toda esta estructura y sentirme atraído por los hombres?. Está mal, estoy equivocado. Dios me castigará, descartará mis iniciativas pastorales, algo muy malo sucederá'».

Un día, un asistente de la parroquia bajo su responsabilidad llegó a afirmar estar poseído por el demonio.

Para Rafael, fue su culpa, su sexualidad y sus sentimientos «desordenados». «En ese momento, comenzaron a aparecer heridas en mi cuerpo, que traté de ocultar y que tardaron meses en sanar».

El sacerdote probó a someterse a terapia con un psicólogo designado por la Iglesia, pero la experiencia no fue buena.

Cuando se atrevió a hablar sobre su orientación sexual, la reacción de la profesional fue preguntarle: «¿En serio?».

Y le contó cómo, un tiempo antes, había «curado» a un hombre de sus «tendencias».

Recomendado por la iglesia, el psicólogo era experto en «terapia de conversión», la llamada «cura gay».

Tras aquello, Rafael llegó a la conclusión de que prefería morir.

«¿Qué voy a hacer?, me pregunté. Y fue entonces cuando descubrí los sitios pornográficos y me volví adicto a la pornografía, a los videos de sexo entre hombres», recuerda.

Con ello «la culpa solo aumentó. No pude soportarlo más y recé por mi muerte».

Meses después, los pocos amigos con los que comenzó a hablar sobre el tema insistieron en que volviera a probar con la terapia.

Su caso fue remitido a otro sacerdote, un psicólogo que era miembro de una congregación. Esta vez, el enfoque fue diferente.

«La primera frase que le dije fue: ‘Reconozco que tengo una tendencia homosexual, pero no la acepto’. Y lo primero que él me dijo fue: ‘Pero ¿cómo serás feliz si no te aceptas a ti mismo?'».

«Menuda diferencia. Tiré el libro que estaba leyendo a la basura, un texto muy pesado titulado ‘Batalla por la normalidad sexual’. Pero ¿qué es lo normal, amigo?».

«Fue en aquel momento que empecé a entender. Me di cuenta de mis mecanismos, cómo barría todo debajo de la alfombra, el problema de no hablar de cómo me sentía… Y comencé a aceptarme a mí mismo».

Este sacerdote psicólogo que lo ayudó le dijo que había visto a docenas de religiosos con ansiedades similares.

Rafael conoció entonces otro aspecto del armario católico: entre los sacerdotes no es ningún secreto.

Todo el mundo sabe de la existencia de homosexuales en el clero; el punto es que no se puede hablar públicamente de ello, dice. «Es la definición misma de tabú».

Una situación inesperada experimentada en aquel tiempo, a mediados de 2012, contribuyó al proceso de aceptación de sí mismo.

En un viaje, el padre Rafael se encontró con un superior, un obispo al que conocía, quien lo miró de una manera diferente.

«Me impactó. El obispo se acercó y me dio un beso en la oreja. No reaccioné», cuenta.

«No hacía mucho que lo conocía, pero simpaticé con él y no quería alejarlo. Así que dejé que me tocara, lo toqué. Hasta ahí llegó. Era un superior, no me sentía cómodo con más», recuerda.

«Mira, trato de vivir el celibato, pero hay momentos de tentación. Ese fue uno».

«Pensé que (el episodio) sería una desgracia, un trauma. Pero fue al revés: sentí liberación», dice.

«Empecé a razonar: ‘Yo, que soy un pobre hombre, con responsabilidades medianas dentro de la Iglesia, siento ese tipo atracción y me culpo a mí mismo… pero este tipo, con cientos bajo su responsabilidad, también la siente. Así que no me culparé más. Estaré tranquilo, si me tengo que masturbar, lo haré y seguiré con mi terapia. Soy lo que soy».

A partir de entonces, a sus 38 años, comenzó el período que el padre Rafael llama «de liberación«.

«La tranquilidad de comprender que no era solo yo me ayudó mucho, reduje (el consumo de) pornografía y la masturbación. Las cosas dejaron de ser tan abrumadoras como lo eran antes. Y dejé de culparme por el placer».

Es una libertad precaria, reconoce, porque, aunque ya salió del armario por sí mismo ante algunos amigos sacerdotes cercanos, aun no lo ha hecho públicamente.

Para Rafael, el acoso del obispo fue una prueba de lo que ya sentía.

La presencia de gays va más allá de seminarios y parroquias, y se extiende por la jerarquía de la Iglesia, aunque esta pretenda que no existe, subraya.

«El obispo se me acercó y me dio un beso en la oreja. No reaccioné. Dejé que me tocara, lo toqué.», le contó el padre a BBC News Brasil.

El clero gay

Durante gran parte de la historia de la Iglesia católica, la presencia o incluso el predominio de sacerdotes homosexuales no fue un problema.

De hecho, fue un hecho visto con indiferencia por los papas, como lo declaró el autor británico Andrew Sullivan, quien escribe sobre homosexualidad, política y religión en un artículo publicado en la revista The New Yorker el año pasado.

Había preocupación por la vida sexual en general, pero no por el tema específico de la homosexualidad, siempre y cuando se respetara el celibato, escribe Sullivan.

Para ilustrar esta mayor tolerancia, cita registros históricos de sacerdotes y monjes que, en los siglos XI y XII, se enviaron poemas de amor entre ellos. No hay noticias de que hayan sido perseguidos.

En 1051, como ejemplo de que se le prestaba una atención menor al tema, el papa León IX rechazó una solicitud de prohibición expresa de la homosexualidad en el clero.

Como justificación, el pontífice dijo que existiría un problema si el sexo homosexual fuera «una práctica antigua, o practicada con muchos hombres» y aceptó que los actos puntuales fueron perdonados.

Años más tarde, en 1059, el papa Alejandro II también reaccionó con desapego a una propuesta similar y no le hizo caso, como señaló el historiador de la Universidad de Yale, John Boswell, en el libro «Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad», publicado en 1980.

Un cambio crucial se produjo en el siglo XIII, cuando Santo Tomás de Aquino, en las notas recogidas más tarde en su Summa Theologiae, denunció los homosexuales como actos que van «contra la naturaleza» y tachó la relación entre personas del mismo sexo como un «pecado más grave» que la violación o el adulterio.

A partir de entonces, el tabú sobre el tema fortaleció.

Según Tomás de Aquino, la práctica sexual debía limitarse al matrimonio y la procreación.

La Iglesia ha acogido este ideal y es lo que aún respalda la doctrina escrita por Ratzinger en 1986.

La Iglesia ha acogido la doctrina de Santo Tomás de Aquino respecto a la homosexualidad.

Silencio

Por más que se hayan convertido en la voz oficial del catolicismo en los siglos siguientes, las bases establecidas por Tomás de Aquino no condujeron a la disminución de los sacerdotes homosexuales.

«Lo que hizo fue provocar el silencio y un ocultamiento en el subsuelo, algo que todavía vemos hoy», le dice a BBC News Brasil el sacerdote y teólogo inglés James Alison, quien es gay y escribió Faith Beyond Resentment («La fe más allá del resentimiento»).

Graduado por la Universidad de Oxford, Alison vivió en Brasil durante 10 años, entre 1987 y 1990 (cuando hizo un doctorado en Teología en el Colegio Jesuita de Belo Horizonte) y, más tarde, de 2008 a 2014, en Sao Paulo, y estudia el homosexualidad y la relación de esta con el clero en todo el mundo.

«Es un silencio fomentado por el ambiente de miedo y evita una vida emocional adulta, honesta y transparente», dice.

«Impide lo que llamamos parresía, el hablar libremente, algo muy importante para transmitir el mensaje del evangelio».

Un domingo por la noche, después de un día de trabajo en su parroquia en Bahía, el padre Aurelio, quien ahora tiene 36 años, reflexiona sobre cómo un ideal de masculinidad impuesto por la iglesia obliga a los sacerdotes a llevar una «vida de apariencias».

«Es desgarrador vivir fingiendo. En mi caso, desafortunadamente, en muchos momentos me puse máscaras para poder continuar».

Como resultado, dice, muchos sacerdotes actúan de manera antinatural.

«‘¿Estoy caminando correctamente o haciendo demasiados gestos al predicar? ¿Es mi voz afeminada?’. He pasado por esto y mis colegas se preguntan lo mismo. Estás preocupado todo el tiempo, perturbado», dijo.

«Además, me hace sentir deshonesto», añade.

«A menudo me llegan niños desesperados, llorando, diciendo que no se aceptan a sí mismos como homosexuales. Me dan ganas de decirles que pasé por eso y que hay formas de aceptarlo, pero no tengo el coraje».

Durante la preparación para ser sacerdote, Aurelio trató tres veces de hablar sobre el tema a sus profesores y fue recibido con frialdad.

«Al contarlo puede sonar divertido, pero fue algo que me enojó mucho. Les dije que no podía seguir viviendo así y me contestaron que rezara una penitencia».

En el cuarto intento de abrirse a un profesor, este lo escuchó.

Fue mientras caminaban por una playa y después de que el sacerdote en cuestión hiciera un comentario sobre una mujer hermosa.

Aurelio se animó a decir que no sentía nada por ella.

«Me miró, luego a ella y me preguntó: ‘¿No crees que es hermosa?’. Y yo le contesté: ‘Sí que lo creo, pero no me gustan las mujeres de esa manera'», explica.

«Me pidió que me sentara en la arena con él y hablamos. Todavía recuerdo sus palabras: ‘Gracias por confiar en mí y contármelo’. Lloré. Me conmoví porque él lo aceptó y porque, a través de una broma, logré decir la verdad «, recuerda.

«Después comenzó a preguntarme por mis sentimientos. Me veía como alguien que podía ayudarlo a comprender la homosexualidad y así acompañar a otros seminaristas», recuerda.

«Era un sacerdote bien resuelto con su vocación, dispuesto a ayudar a otros a entender el suyo. Estos son los sacerdotes, homosexuales o heterosexuales, que salvan a la iglesia«.

«Orientación sexual bien definida»

Durante los últimos años en el seminario, Aurelio se volvió más intrépido. «Más yo mismo», dice.

Comenzó a cuestionar algunos dogmas.

«El preparador habló sobre los desafíos que íbamos a enfrentar, porque las mujeres coquetean con los sacerdotes en las parroquias», hace memoria.

«Pero ‘¿qué pasa con los sacerdotes homosexuales? ¿por qué no hablaron de sus deseos?’, pensé. Así que la mano y se le pregunté», prosigue.

«Fue un error. Tuve que seguir en el seminario otros dos años, porque no me dejaron ir. Parecía que querían cuidarme, pero era miedo. Pensaron que no sería discreto».

En su informe final, en la casilla sobre la orientación sexual, escribió: «homosexual».

Un sacerdote lo llamó aparte y le dijo que si no cambiaba eso, estaría en problemas.

Le sugirió poner «heterosexual», ante lo que él insistió, y acordaron algo intermedio.

«Aurelio tiene una orientación sexual bien definida», terminó escribiendo.

Aurelio se ordenó a mediados de la década del 2000 y, conocido por su interés en el tema homosexual en discusiones y estudios, terminó siendo aislado.

Rompió la regla más importante del armario católico: el verdadero pecado es no esconderse, dice.

Cuando fue designado vicario (uno de los sacerdotes de un párroco) en un pequeño pueblo, pronto se dio cuenta de que su fama le había precedido.

«Sabían que era gay y muchos de ellos también lo eran. El prejuicio no era sobre mi orientación, pero pensaron que mi postura más combativa también fijaría la atención sobre ellos. Estaba siendo rechazado».

Fue entonces cuando el padre Aurelio comenzó a beber dos o tres botellas de vino al día.

«Hoy me doy cuenta de que estaba necesitado, no solo por el deseo, sino por no tener a nadie con quien hablar», dice.

«Bebía todos los días, me sentía inferior porque era homosexual y estaba aislado por mi bendita transparencia».

Un día lo visitó un obispo de la región, quien había escuchado que necesitaba ayuda.

«Pero no pude abrirme a él. Lo que hice fue pedirle que me admitieran en una clínica de desintoxicación pasa salir de mi alcoholismo».

Después de tres meses, regresó al servicio y, con la ayuda del mismo obispo, logró una transferencia al interior de Bahía: comenzó a servir en una parroquia de creyentes fervientes, dice, con orgullo.

El padre Aurelio dice que en la actualidad trabaja hasta 15 horas al día y que sabe que es por una suerte de escape.

«Lo normal es sobrecargarme de labores, creo que por miedo a la soledad», dice.

Pero el exceso de carga de trabajo tiene otra razón de ser: «Creo que nosotros, los homosexuales, somos capaces de acoger a otros que están marginados». Sus horas de consulta en la parroquia, dice, siempre están llenas.

Aunque no habla sobre su sexualidad en público, Aurelio es un sacerdote que se expone un poco más que otros.

En una reunión con sus superiores, por ejemplo, indicó dos aspectos a incluir en los programas de formación: la homosexualidad en el clero y el sufrimiento psíquico de los sacerdotes.

«Ninguno de ellos fue seleccionado. Decidieron ocuparse del derecho canónico».

Sin embargo, sus intentos por que el asunto se abordara llevaron a que los buscaran, siempre de manera discreta, muchos jóvenes aspirantes a curas u otros sacerdotes, angustiados también por su orientación sexual.

Eso «demuestra un fracaso en la capacitación, porque engañan a sus mentores».

A los jóvenes que lo buscan, les aconseja que no lo oculten.

Sin embargo, les advierte, es necesario evaluar al interlocutor.

«Cuando sé que el superior es inclusivo, lo guío a hablar sin temor. Hay otros que dicen: ‘Por favor, no se lo digas. Si lo haces, seguramente te echarán’. En esos casos le aconsejo que lo consulte con una psicóloga, por fuera».

En manos de los obispos

Los obispos y párrocos a menudo ignoran la regla general de rechazar candidatos homosexuales, dicen los investigadores de la homosexualidad en el clero.

«En la práctica, hay sentido común de parte de algunos de estos superiores, de estos obispos, que priorizan la capacidad de trabajo y la vocación fiel al rigor de la doctrina. En otras palabras, no están de acuerdo con la norma», dico el sacerdote y teólogo Elio Gasda, profesor de la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología (FAJE), con sede en Belo Horizonte, y quien dirige un grupo de estudios sobre la diversidad católica.

La escasez de sacerdotes y el compromiso de comportarse «con discreción» son otras razones por las cuales la regla a veces es caduca, explica el teólogo.

«Una última posibilidad, remota pero posible, es que el obispo y/o el formador del seminario también sean homo-afectivos. Por lo tanto, existe una especie de ‘dificultad moral’ de la autoridad para rechazar a los homosexuales».

También es necesario considerar las particularidades generacionales con respecto al «armario católico».

Según un preparador de aspirantes a curas, que se negó a ser identificado, muchos han roto el silencio, al menos dentro de los muros de los seminarios.

«En los últimos cinco años ha habido algunos cambios. Por ejemplo, presencié una entrevista en la que el joven inmediatamente dijo: ‘Soy gay y quiero ser sacerdote’. Después habló sin rodeos, sonrió y se cruzó de brazos, esperando una respuesta del superior».

«Le hicieron una entrevista muy rigurosa, dijo que estaba dispuesto a ser célibe y la pasó. Está allí, en su segundo año de preparación», agrega.

Para otro seminarista de Minas Gerais, que tuvo una experiencia positiva al revelar su orientación a su superior, la preocupación es qué hacer «con la fachada».

«La reacción de mi asesor fue coordinar una conversación con un obispo al día siguiente. Fui allí, el obispo me escuchó, me agradeció por ser franco y me dijo que siguiera adelante», dijo el estudiante de 27 años. «Y dijo que mi asesor me enseñaría ‘cómo actuar’. Comprendí que no podía tener un escándalo. La idea es ocultarlo, para no perder la fe de las damas devotas».

Clandestinidad e injusticia

Como es un asunto clandestino, existen tratos desiguales e injusticias.

Todos los entrevistados para este reportaje conocen a seminaristas que fueron expulsados ​​por considerarlos afeminados, o por haber tenido experiencias sexuales.

Estas últimas son las llamadas «recaídas» y no justifican en si mismas la expulsión, siempre que se confiesen a un superior.

Uno de estos estudiantes que tuvo que cambiar de seminario debido a su «amaneramiento», describe el mes de diciembre, cuando los jóvenes son reevaluados, como un momento de «caza de brujas».

«Hace unos años, se les pidió a cinco que se fueran. Yo fui uno de ellos. El buscar a quienes consideran más afeminados, además de ser injusto, favorece la simulación, que la gente sea cerrada y homofóbica».

Este seminarista, quien ahora tiene 29 años, no olvida cómo su preparador abordó la homosexualidad en el seminario del que fue expulsado, en Piauí.

«Solía ​​decir que ‘los homosexuales siempre tienden a mirar las ingles de otros hombres y, por lo tanto, no se concentran y trabajan mal‘», recuerda.

«A una semana de aquello, mientras miraba al techo, observé una viga de madera, me vi colgado de ella por el cuello. Me perturbó mucho».

Hoy por lo general quienes ingresan al seminario en Brasil suelen tener los 18 años cumplidos.

Pero hasta la década de 1980 era común que llegaran siendo adolescentes, en plena pubertad.

Como resultado, los sacerdotes más mayores, los que ahora tienen más de 60 años, vivieron desde una edad temprana en un ambiente de represión.

El día de la entrevista con Aurelio, a mediados de noviembre, un sacerdote de unos 60 años se le acercó para hablar.

«Era uno de esos hermanos que considero ‘peligroso’, porque nunca salieron (del armario) por sí mismos y tienen muchos prejuicios. Y ese día quiso abrirse. Me pareció triste que, siendo sacerdote no encontrara a nadie para hablar de eso», cuenta.

Los homosexuales homofóbicos, dice el sacerdote, son numerosos en la Iglesia, algo en lo que coinciden los investigadores del tema.

«Es una de las consecuencias de la represión. Quieren combatir en el otro aquello que odian de sí mismos y que cosideran un mal».

Desconfianza y estigma

Además del estigma de la homosexualidad en una institución que no lo tolera, los sacerdotes gays han sufrido de intentos de asociarlos con la crisis de abuso sexual en la Iglesia católica.

Y con los escándalos que, especialmente desde principios de la década de 2000, se han ido revelando con una frecuencia aterradora.

El padre Rafael dice que leyó en una revista de una comunidad católica conservadora un artículo en el que se asociaba la homosexualidad a la pedofilia.

«Quedé indignado. Soy gay, no pedófilo».

Son varias las investigaciones que descartan la relación entre la homosexualidad y el abuso sexual de menores.

En lo que respecta a los sacerdotes, no es diferente, según el estudio más grande llevado a cabo sobre este tipo de delitos dentro de la Iglesia.

Fue publicado en 2011 por el John Jay College of Criminal Justice, un instituto de la Universidad de Nueva York, reconocido por sus cursos e investigación en el campo criminal y forense.

A pesar de toda la evidencia en contra, los investigadores dicen que hay un sector de la Iglesia a la que le conviene señalar a los sacerdotes homosexuales como abusadores.

«En parte, porque no pueden hacerse públicos para defenderse. Son una opción fácil como chivos expiatorios», dice James Alison.

«La sociedad no conoce el caso de los sacerdotes que son célibes y sirven a sus parroquias y también a los heterosexuales».

La cultura del silencio puede tener otra consecuencia, además del de evitar que los sacerdotes homosexuales se defiendan.

Según los investigadores, puede ayudar a encubrir crímenes de pedofilia.

«El mecanismo es el siguiente: aquellos que temen ser expuestos como homosexuales son fácilmente chantajeados por aquellos que son culpables de asuntos graves», dice Alison.

«Como el encubrimiento es la regla del juego, no existe la posibilidad de distinguir públicamente lo que sería un comportamiento legítimo y adulto según la ley civil, incluso si es irregular en el sistema clerical, de lo que sería un comportamiento patológico y criminal». «.

El miedo a ser expuestos es tan grande que algunos sacerdotes homosexuales, cuando fueron contactados por BBC News Brasil, sospecharon o entraron en pánico.

Un historiador, que se mostró dispuesto a colaborar para este reportaje, le propuso a un sacerdote del interior de Pernambuco ser entrevistado.

La reacción no fue buena, dice.

«Al principio se mostró perplejo, a punto de entrar en pánico. Dijo que si no fuéramos amigos, pensaría que estaba haciendo una maniobra para extorsionarlo. Y terminó la conversación pidiéndome que me callara las debilidades de los demás».

¿Por qué hay tantos gays en el clero?

Los investigadores señalan que la intención de ayudar a marginados como ellos mismos y la necesidad de escapar de las presiones sociales y familiares son algunas de las razones por las que hay tantos hombres homosexuales en el clero.

Según sus estimaciones, es alrededor del 10% en Brasil.

Alexandre*, un sacerdote homosexual de 43 años, recuerda la sensación de «dislocación profunda» durante su infancia y adolescencia, y la identificación con personas «excluidas».

«Sabemos lo que se siente al ser ‘diferente’. Creo que me llevó a ser sensible, a mirar a los demás con más compasión», dice él, que es párroco en una ciudad promedio en Ceará.

«Me crié en un lugar pobre, vi a mucha gente sufrir y quería ayudar».

Además de esta motivación, el sacerdote dice que, a partir de la pubertad, comenzó a ver en el seminario un refugio para un deseo que no podía aceptar en sí mismo.

«Estaba sufriendo mucho, tenía un conflicto interno intenso, así que busqué lo que pensé que sería un ambiente puro, santo, saludable», cuenta.

«En el fondo, creía que en este lugar no tendría más deseos. Pero el deseo no desapareció, por el contrario. Fue una inquietud constante que no sabía cómo tratar».

Castidad

Todos los sacerdotes católicos deben aceptar el celibato, a lo que los que hablaron para este reportaje se refieren como «vivir en castidad».

Algunos entrevistados reconocieron que habían roto sus votos y que, cuando esto sucedió, hablaron con sus superiores y decidieron regresar a la vida célibe.

Alexandre asegura que antes de ingresar al seminario no había tenido relaciones sexuales.

«El primer año pasó, pero durante el segundo sentí curiosidad y tuve mi primera experiencia con un hombre», cuenta.

«Entré en una profunda crisis, porque nunca había besado a otro hombre ni tenido una relación íntima. Estaba lleno de culpa y pensé que tendría que abandonar el seminario automáticamente».

Decidió hablar con su preparador.

«Para mi sorpresa, lo recibió con beneplácito y me dijo que volvería a tener recaídas», recuerda.

«Tenía razón y no me arrepiento de las veces en las que lo hice. Necesitaba saber cómo me sentía al respecto, incluso para poder elegir mi camino, (para decidir) seguir en la vida religiosa o no».

Consciente del bien que le hizo hablar de lo que sentía por su superior, el padre Alexandre sugiere crear una pastoral LGBT en su región.

Que sea «un lugar donde estas personas pueden desahogarse, compartir los sufrimientos, las angustias«, dice.

Pero «será un escándalo, porque el pensamiento aquí es muy conservador».

Según los investigadores, el seminario atrae a las personas que se han sentido marginadas y que se identifican con los «excluidos».

Una pastoral LGBT

En las últimas décadas ha habido varias iniciativas para crear espacio en la Iglesia para los fieles LGBT.

Pero en general, ha sido suficiente combinar los términos «pastoral», como la iglesia llama a su trabajo social en las comunidades, y «diversidad», para provocar reacciones.

Hace 25 años un párroco de Sao Paulo fue noticia por crear en el noroccidente del estado lo que la prensa llamó una «pastoral gay».

El profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Campinas, el padre José Trasferetti, logró, en 1995, lo que el padre Alexandre planea hacer en Ceará: un proyecto para acoger a los ciudadanos LGBT.

«Cerca de la parroquia había dos casas para homosexuales y travestis. Me hice amigo de ellos y comencé a visitarlos, y también comenzaron a ir a misas», dice Trasferetti, en una conversación por correo electrónico.

Y empezó a usar el concepto de «ciudadanía homosexual», algo de lo que entonces no se hablaba. «Se trataba simplemente de crear espacios para vivir normalmente en sociedad, sin violencia, represión e ignorancia».

Pero la reacción fue muy fuerte: «Me presionaron para no dar entrevistas, no escribir o enseñar sobre estos temas. Un militar supo cuál era mi número de teléfono, me insultó y varias veces amenazó con matarme».

El padre Trasferetti dirigió la pastoral durante cinco años: «Lo seguí haciendo sin miedo».

Lo dejó de hacer en 1999, cuando cambió de parroquia.

Hoy defiende una acción más amplia en relación con el público gay, más allá de crear pastorales específicas.

«Lo que debe quedar claro es que es perfectamente posible la acción pastoral para la congregación LGBT y que encaja con la doctrina de la Iglesia».

Aunque ve avances en relación con los movimientos LGBT fuera del entorno religioso, Trasferetti dice que la Iglesia de Brasil, como institución, ha progresado poco.

«La Iglesia católica en Brasil está muy comprometida con los problemas sociales. Sin embargo, en asuntos de moralidad sexual, la práctica y el discurso siguen siendo los mismos que en las décadas de los 1940 y 1950«.

Para el padre José Trasferetti la Iglesia católica de Brasil, a pesar de estar comprometida con las causas sociales, ha avanzado poco en las cuestiones relacionadas con la moral sexual.

Negación en Brasil

En otros países, la Iglesia católica está promoviendo debates sobre la homosexualidad.

En Alemania, por ejemplo, la Conferencia Episcopal decidió en septiembre pasado abordar la moral sexual, el celibato y la bendición de las parejas homosexuales.

Otro ejemplo es Suiza. En 2006, el año siguiente a la publicación de la instrucción de Benedicto XVI sobre no aceptar sacerdotes homosexuales, los obispos suizos hablaron sobre el tema.

En el texto, dejaron claro que los sacerdotes y estudiantes heterosexuales y homosexuales viven en sus seminarios y diócesis y que cada uno «se respeta a sí mismo como hombres y cohermanos».

«Decidimos vivir en castidad independientemente de nuestra orientación sexual. Por lo tanto, el centro de nuestras reflexiones sobre el acceso al sacerdocio no la ocupa la cuestión de la orientación sexual, sino la voluntad de seguir a Cristo constantemente«, dice el texto.

En Brasil, la CNBB, la entidad responsable de redactar las directrices de la Iglesia en el país, dice que no tiene planes de discutir la homosexualidad en el clero.

Por correo electrónico, el vicepresidente de la entidad y arzobispo de Porto Alegre, el obispo Jaime Spengler, reafirmó las instrucciones del Vaticano.

«El tema de la homosexualidad es grave y debe abordarse desde el comienzo del itinerario de formación de candidatos a órdenes sagradas. Es urgente un proceso adecuado de discernimiento».

Cuando se le pregunta si los sacerdotes brasileños que quieren hablar públicamente sobre su orientación sexual tendrían el apoyo de sus superiores, Spengler dice que «si un sacerdote se encuentra con su obispo y le presenta su dificultad para mantener la castidad, el obispo tiene el deber de ayudarlo lo mejor que pueda».

Cada sacerdote «debe poder sentirse a gusto consigo mismo», añade.

Para algunos investigadores consultados por BBC News Mundo para este reportaje, la postura de la Iglesia en Brasil sobre la cuestión es aún más tradicionalista que la del Vaticano.

«La Santa Sede es menos conservadora porque es más consciente de la necesidad de avanzar en el tema», dice el teólogo gay James Alison.

En una entrevista por correo electrónico, el arzobispo primado de Brasil, Dom Murilo Krieger, habló sobre como abordar la cuestión de los sacerdotes homosexuales, ya que las reglas de la Iglesia los condenan.

«Cada uno debe renunciar a sí mismo. Las luchas cambian, pero el objetivo es el mismo: buscar una madurez emocional profunda, capaz de llevar a la persona a la relación correcta con hombres y mujeres. Lo que no se puede acomodar es buscar justificaciones para vivir de acuerdo a sus propias reglas «.

Al preguntarle por qué, según los sacerdotes homosexuales, el tema está silenciado dentro de la Iglesia, Krieger defiende que haya un debate.

«No creo que este sea un tema que deba abordarse en los estudios de televisión, pero puede y debe abordarse en las reuniones de obispos, sacerdotes y seminaristas».

¿Cómo es la situación en otros países?

Francis DeBernardo, director ejecutivo de New Ways Ministry, una entidad de Estados Unidos integrada por religiosos y que aboga por los derechos de los católicos LGBT y por la reconciliación de la Iglesia con estos, le dijo a la BBC que en ese país la cultura del silencio está en auge.

«En la comunidad en general la gente aborda los asuntos LGBT, pero entre sacerdotes gay y líderes eclesiásticos la discusión se está cerrando más», afirma.

«La publicidad negativa que vincula el escándalo de pedofilia en la Iglesia con curas homosexuales ha hecho que estos sacerdotes tengan más miedo de revelar su orientación sexual», añade.

DeBernardo organiza retiros anuales para sacerdotes gay, donde rezan, estudian y debaten, y por lo escuchado en las más recientes, dice que puede afirmar que la preocupación va en aumento, también en América Latina.

«Las personas con las que he conversado, vinculadas a asuntos LGBT dentro de la Iglesia de América Latina, me han dicho que la situación es parecida o peor», asegura.

«Peor porque la discusión sobre asuntos LGBT en la región es más restringida».

Dice que generalmente la reacción de los feligreses ante la salida del armario de un sacerdote es buena y alentadora, que suelen mostrarle su apoyo.

Por el contrario, entre las autoridades eclesiásticas la reacción es reservada, señala, en particular la del obispo de la diócesis de donde proviene el cura en cuestión. «Suele limitarse a emitir un comunicado institucional al respecto».

Pero los líderes religiosos no toman, ni podrían tomar represalia contra estos sacerdotes, subraya DeBernardo, pues los curas gay resultan ser clérigos muy populares en sus parroquias.

Los sacerdotes gay resultan ser muy populares en sus parroquias, dice Martin DeBernardo.

«Usted es gay ¿no?»

Mientras la Iglesia se mantiene incólume, un joven sacerdote gay de un pequeño pueblo en el interior de Bahía decidió empezar a hablar sobre la homofobia en sus misas.

Y fue bien recibido por los fieles, asegura André*.

«Cada vez que hay un caso de prejuicio, incluyo una reflexión al respecto. Hablo de la importancia de no lastimar o discriminar a las personas LGBT. Los fieles siguen asistiendo porque es una realidad muy cercana a ellos», dice el sacerdote, a cuyas misas llegan en promedio 500 creyentes cada domingo.

El año pasado, después de una celebración, el comentario que le hizo una mujer le sorprendió.

Le contó cómo a su hijo lo acosaron en la escuela por ser gay, y que quería agradecerle su apoyo.

«Mire, padre, mi esposo y yo lo hemos aceptado, pero tenemos mucho miedo de cómo será su vida. Así que le agradezco que en nuestra Iglesia lo respeten. Nos ayuda a entender que nuestro hijo es un regalo de Dios y que no depende de si le gusta un hombre o una mujer «, cuenta que le dijo.

La mujer lo abrazó y, antes de irse, se volvió hacia el sacerdote: «Padre, hace mucho que quería preguntárselo: usted es gay ¿no?».

«Lo soy», le respondió André, sorprendido.

«Bendito sea, padre. Puede contar con la gente de su iglesia», le expresó la mujer, quien no volvió a mencionar el tema.

André tuvo una trayectoria más inusual que el de la mayoría de los aspirantes a sacerdote.

En el seminario, su preparador lo alentó a hablar sobre su sexualidad.

«Un día, mientras le contaba de mis ansiedades, me dijo lo contrario a lo que esperaba: «Creo que hablar de esto es tu misión, hablar con la Iglesia, con la sociedad, decirles que es posible ser homoafectivo y seguir con tu vocación«, recuerda el padre André, con una sonrisa en el rostro.

El joven sacerdote dice que tiene la esperanza de que la Iglesia se transformará en lo relativo a esta cuestión.

«No quiero ser un profeta gay, sino un profeta de la vida católica que acepta a todos. Creo que el cambio de la Iglesia no vendrá de arriba, sino de abajo, y creo que hay una apertura, sí. «

El padre Rafael es menos optimista.

Hace años, como con muchos sacerdotes jóvenes, tuvo la ambición de ser obispo. Hoy, descarta esa posibilidad.

Y es que, como obispo, tendría que pronunciar un discurso represivo contra la homosexualidad.

«Siento pena por los obispos que se ven obligados a reproducir esta cultura», dice.

«Para mí, estoy fuera del armario, pero para la Iglesia no. Tal vez no me quiera ver fuera nunca. Es un rechazo con el que tengo que vivir», añade.

A pesar de ello, el padre Rafael no tiene la intención de abandonar el sacerdocio, una parte constitutiva de su identidad.

«Soy la prueba de la inconsistencia de la Iglesia. Soy sacerdote, soy homosexual y amo quién soy».

*Los nombres de los sacerdotes fueron cambiados para proteger sus identidades.

Fuente: BBC

Insólito caso de la joven brasileña que llora sangre

En Brasil, Doris, una joven brasileña de 15 años, comenzó a notar que cuando lloraba, le salía sangre en vez de lágrimas. Según el portal radiomitre.com, inmediatamente fue al hospital para que la chequeen; sin embargo, luego de una semana los doctores todavía no encuentran la respuesta. 

La adolescente había ido al médico un día antes por unos fuertes dolores abdominales, que fueron diagnosticados como cálculos renales, reportan medios locales. Como no hay una relación lógica entre los dolores y las lágrimas, los galenos la enviaron a casa, pero con turnos para examinarla.

“Vamos a hacer todo lo que los profesionales nos pidan, queremos saber qué es lo que realmente está pasando. Le pidieron que se hiciera más pruebas esta semana para tratar de encontrar la causa”, comentó la madre. 

Desde el hospital, explicaron que si bien no es extraño el síntoma, si lo es la causa. De acuerdo con el oftalmólogo Rafael Delsin, “la presencia de sangre en las lágrimas se llama hemolacria, una condición ya descrita en la literatura médica”. 

“El tratamiento depende de la causa, pero a veces desaparece tan repentinamente como apareció, sin tratamiento y sin un diagnóstico concluyente”, agregó.

 “Aunque causa cierto asombro, no son casos complicados de tratar. Dependiendo de la causa, puede ser tratado con antibióticos y remedios hormonales, y raramente causa otros problemas de salud al paciente”, aseguró el especialista.

Covid-19: Manaos habría adquirido inmunidad de rebaño

La ciudad brasileña de Manaos fue duramente afectada por COVID-19. En el pico de su epidemia a fines de la primavera, los hospitales y cementerios lucharon por mantenerse al día, y se cavaron fosas comunes para enterrar a los muertos.

Pero luego, los casos y las muertes disminuyeron constantemente, a pesar de una relajación de las medidas de distanciamiento social.

Esa trayectoria ha llevado a algunos investigadores a sugerir que Manaos ha alcanzado la inmunidad colectiva. En un informe publicado el 21 de septiembre en medRxiv.org que aún no ha sido revisado por pares, los investigadores sugieren que la inmunidad colectiva se desarrolló en la ciudad después de que entre el 44 y el 52 por ciento de la población se infectara en el pico de la epidemia, y eso ralentizó la posterior propagación del virus.

Los investigadores, en base a modelos matemáticos y el análisis de muestras de un banco de sangre, estimaron que en agosto el 66% de la población se había infectado.

Esa tasa puede ser suficiente para alcanzar la «inmunidad de rebaño», en la cual una comunidad tiene un porcentaje tan elevado de miembros que se han inmunizado a una enfermedad que la probabilidad de contagio disminuye considerablemente, explican los autores, de un equipo de 34 científicos brasileños y extranjeros.

«Por lo que todo indica, la propia exposición al virus llevó a la caída del número de nuevos casos y muertes en Manaos», manifestó la coordinadora de la investigación y profesora de la facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, Ester Sabino, a la agencia de noticias de la Fapesp, fundación que contribuyó con el desarrollo del estudio.

La ciudad brasileña de Manaos fue duramente afectada por COVID-19. En el pico de su epidemia a fines de la primavera, los hospitales y cementerios lucharon por mantenerse al día, y se cavaron fosas comunes para enterrar a los muertos.

Pero luego, los casos y las muertes disminuyeron constantemente, a pesar de una relajación de las medidas de distanciamiento social.

Esa trayectoria ha llevado a algunos investigadores a sugerir que Manaos ha alcanzado la inmunidad colectiva. En un informe publicado el 21 de septiembre en medRxiv.org que aún no ha sido revisado por pares, los investigadores sugieren que la inmunidad colectiva se desarrolló en la ciudad después de que entre el 44 y el 52 por ciento de la población se infectara en el pico de la epidemia, y eso ralentizó la posterior propagación del virus.

Los investigadores, en base a modelos matemáticos y el análisis de muestras de un banco de sangre, estimaron que en agosto el 66% de la población se había infectado.

Esa tasa puede ser suficiente para alcanzar la «inmunidad de rebaño», en la cual una comunidad tiene un porcentaje tan elevado de miembros que se han inmunizado a una enfermedad que la probabilidad de contagio disminuye considerablemente, explican los autores, de un equipo de 34 científicos brasileños y extranjeros.

«Por lo que todo indica, la propia exposición al virus llevó a la caída del número de nuevos casos y muertes en Manaos», manifestó la coordinadora de la investigación y profesora de la facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, Ester Sabino, a la agencia de noticias de la Fapesp, fundación que contribuyó con el desarrollo del estudio.

«La inmunidad colectiva por infección natural no es una estrategia, sino la señal del fracaso del gobierno para controlar un brote y eso se está pagando con vidas», tuiteó Florian Krammer, profesor de microbiología en la Icahn School of Medicine del Hospital Mount Sinai de Nueva York.

Brasil, un país de 210 millones de habitantes, ha registrado 4,7 millones de infecciones y casi 140 000 muertes por COVID-19, una cifra de decesos solo superada por Estados Unidos.

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