Estudio: cada semana de encierro aumenta consumo excesivo de licor

El consumo nocivo de alcohol entre los adultos aumenta cuanto más tiempo pasan en casa encerrados, según un estudio publicado en el American Journal of Drug and Alcohol Abuse y difundido el jueves 10 de diciembre del 2020.

La investigación, revisada por pares y basada en una encuesta de casi 2 000 mayores de 18 años de Estados Unidos, es la primera en resaltar la relación a nivel nacional entre el consumo peligroso de alcohol y el estrés vital desencadenado por la pandemia del covid-19 y los confinamientos asociados.

Los hallazgos muestran que las probabilidades de consumo excesivo de alcohol entre los bebedores compulsivos (aquellos que, en dos horas, consumieron cinco o más bebidas para los hombres y cuatro o más para las mujeres) aumentaron un 19% adicional por cada semana de encierro.

Las probabilidades de una mayor ingesta de alcohol en general para los bebedores compulsivos eran más del doble que las de las personas que no bebían en exceso (60% frente a 28%), especialmente aquellas con depresión o antecedentes de la enfermedad.

Realizado por expertos de la Facultad de Salud Pública del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, el estudio también destaca que durante la pandemia, los bebedores compulsivos en promedio bebieron cuatro tragos por ocasión, en comparación con dos tragos entre los bebedores no compulsivos.

Los participantes que bebieron a niveles dañinos durante la pandemia consumirían siete bebidas como máximo en una ocasión, según el estudio. Esto se compara con un máximo de dos por sesión durante la pandemia para aquellos que no lo hicieron.

Además, vivir con niños encerrados redujo mínimamente las probabilidades (en un 26%) de recurrir al biberón para las personas en general. Los investigadores ahora piden nuevas estrategias de intervención y prevención para las personas aisladas que corren el riesgo de beber de forma peligrosa.

De lo contrario, dicen que podría haber consecuencias duraderas para la salud. «Pasar más tiempo en casa es un factor estresante de la vida que afecta la bebida y la pandemia de Covid-19 puede haber exacerbado este estrés», dice Sitara Weerakoon, candidata a doctorado de la Universidad de Texas.

«Las investigaciones futuras deben considerar la posibilidad de que los síntomas depresivos actúen como moderadores (un factor que cambia el impacto) en la relación entre el tiempo pasado bajo un mandato de refugio en el lugar (encierro) y el consumo excesivo de alcohol -señala-. Se necesitan (también) investigaciones adicionales para desarrollar el mejor tratamiento para las personas con trastornos por uso de sustancias que pueden ser más susceptibles a resultados de salud adversos».

El objetivo del estudio fue identificar un vínculo entre los factores de estrés relacionados con el covid-19 y los cambios en el consumo de alcohol y el consumo excesivo de alcohol desde que comenzó la pandemia.

Los datos provienen de una encuesta en línea completada por 1 982 adultos desde mediados de marzo hasta mediados de abril, que coincidió con el primer confinamiento en Estados Unidos el 19 de marzo. Según las respuestas de la encuesta, los investigadores categorizaron a los participantes como bebedores compulsivos, bebedores no compulsivos y no bebedores compulsivos.

Entre los factores analizados se encuentran la duración del encierro, la cantidad de adultos o niños con los que vivían, los episodios actuales o anteriores de depresión y el estado laboral relacionado con el encierro, como la disminución del salario.

En promedio, todos los encuestados habían estado encerrados durante cuatro semanas y pasaban 21 horas al día en casa, y la mayoría (72%) no iba a trabajar.

En general, casi un tercio (32%) de los participantes informaron beber en exceso durante la pandemia y los bebedores en exceso aumentaron su consumo. Sin embargo, quienes no bebían en exceso consumían aproximadamente la misma cantidad de alcohol que antes del encierro.

Europa Press

En 11 zonas de Quito hay mayor consumo de licor en los espacios públicos

El consumo de licor en medio de la emergencia sanitaria causada por el covid-19 se ha convertido en un dolor de cabeza para las autoridades. Según datos proporcionados por la Agencia Metropolitana de Control (AMC), 591 libadores han sido sancionados desde que comenzó la pandemia hasta la semana pasada en el Distrito Metropolitano de Quito.

Estefanía Grunauer, supervisora general de la AMC, indicó que se han identificado 11 sectores sensibles a esa problemática y se han redoblado esfuerzos para combatirla.

Estas son el mirador de Guápulo, La Mariscal, la Whymper, las tribunas de la avenida De los Shyris y del sur, el Centro Histórico, Quitumbe, Chillogallo, Calderón, la avenida Michelena y Cotocollao. Uno de los puntos en donde ese problema se ha reportado con mayor recurrencia, en las últimas semanas, es el mirador de Guápulo, ubicado atrás del Hotel Quito, en el centro – norte.

Todos los viernes, personal de la Alcaldía hace controles allí y en varias oportunidades ha encontrado personas que toman alcohol sin respetar los distanciamientos, ni utilizar mascarillas.

Por ejemplo, el 8 de octubre del 2020 se detectó a varios ciudadanos con botellas de whisky y cerveza.

“Este tipo de acciones traen consigo sanciones económicas y además pueden generar contagios de covid-19, poniendo en riesgo la vida de los moradores”, indicó Grunauer.

Lo mismo pasó la noche del 24 de octubre. Ante esa realidad, la AMC hizo un llamado a la gente para que no exponga su salud. Además, recordó que la sanción por esa falta consiste en una multa del 50% de un salario básico unificado (USD 200).

El Centro Histórico es otro sitio en donde se reporta una fuerte presencia de libadores. Un grupo de hombres se dedica diariamente a esa actividad en la pequeña plaza ubicada en las calles Guayaquil y Mejía, atrás de la Iglesia de San Agustín.

El mismo inconveniente se presenta en las plazas de Santo Domingo y San Francisco, así como en la calle Rocafuerte, las inmediaciones del Mercado de San Roque y El Panecillo.

Los vecinos de esas zonas indican que los bebedores deambulan por esos sitios a cualquier hora. Algunos se reúnen en la plazoleta de La Victoria para jugar naipes y emborracharse.

Como medida de prevención, las autoridades han reforzado los controles en las canchas deportivas y parques, principalmente en las que se registran aglomeraciones de gente que consume alcohol. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Los moradores los consideran focos de contagio debido a que ellos no se protegen y beben licor sin registro sanitario del mismo envase.

Para Grunauer, uno de los temas más preocupantes es que la mayoría de personas sancionadas por libar en los espacios públicos, en medio de la pandemia, son jóvenes.

Señala que durante el último feriado se emitieron 40 actos de inicio (procesos sancionatorios) contra jóvenes que salieron a divertirse en las tribunas de la avenida De los Shyris y del sur.

“Muchos de ellos no respetaron las normas, actuaron de forma agresiva. Agredieron verbal y físicamente a nuestro personal”.

Para la funcionaria, “existe una falsa percepción y algunas personas creen que regresamos a la antigua normalidad y no es así. Seguimos en emergencia y el coronavirus no se ha ido”, advierte.

Con preocupación, asegura que en Quito se han reportado 58 029 contagios y 1 675 fallecidos hasta hoy, jueves 12 de noviembre de 2020.

Ante esa realidad, la prioridad es reforzar los controles porque la situación es “alarmante”. Otro problema son las fiestas clandestinas. Por ejemplo, más de 50 jóvenes, en su mayoría menores de edad, fueron encontrados en una reunión que se realizó en el sur de la ciudad la noche del sábado 7 de noviembre, informó la AMC.

La entidad añadió que “no existía distanciamiento ni medidas de bioseguridad por lo que sancionamos al dueño del predio. Realizar este tipo de reuniones pone en riesgo la vida de todos”.

medida de prevención, las autoridades han reforzado los controles en las canchas deportivas y parques, principalmente en las que se registran aglomeraciones de gente que consume alcohol.

Estadísticas de la AMC señalan que 10 916 actos de inicio se abrieron a quienes no utilizaron mascarillas en Quito. Para controlar se hacen recorridos en las zonas concurridas y se coordina acciones con el ECU 911.

Fuente: El Comercio

feature image