El ‘síndrome del domingo’: cómo evitar la tristeza

La mayor parte de trabajadores de nuestro país, que realizan su actividad de lunes a viernes y descansan los fines de semana, seguramente sepan perfectamente de qué estamos hablando.

Los domingos por la tarde se están convirtiendo en el momento más triste de la semana, incluso arrebatando este título al lunes, que históricamente ostentaba el récord del día más temido para el trabajador.

Se trata del llamado ‘síndrome del domingo’, no es ninguna enfermedad, sino un conjunto de síntomas muy definidos que llevaron a calificarlo de esta manera.

En este mundo dominado por la necesidad de tenerlo todo antes que nadie, las vísperas roban la identidad del día siguiente y de este modo convierten una jornada de descanso u ocio en un martirio que suele empezar después de comer, avanza a lo largo de la tarde y llega a su punto álgido en los primeras horas de la noche. Por ello, los domingos por la tarde se convierten en momentos de tristeza y apatía.

‘El síndrome del domingo’ incluye una sintomatología depresivaansiedad, malestarestrés y problemas para conciliar el sueño, según explica a El Confidencial Juan Castilla, psicólogo clínico, especialista en inteligencia emocional y psicología positiva.

Este padecimiento fue detectado por primera vez en 2006 por la psicóloga norteamericana Larina Kase, que realizó varias investigaciones al respecto en el Centro de Estudio y Tratamiento de la Ansiedad de la Universidad de Pensilvania.

Incluye una sintomatología depresiva, ansiedad, malestar, estrés y problemas para conciliar el sueño

Recientemente, una encuesta de 2018 de LinkedIn mostró que el 80% de los trabajadores de EEUU se preocupan en gran medida por la próxima semana laboral los domingos.

Los motivos

Los estudios de Kase –y otros tantos que se han elaborado al respecto– señalan que la principal causa de la angustia del domingo por la tarde es algún grado de insatisfacción laboral. Quienes experimentan este problema tienen dificultades no resueltas en su trabajo.

En este sentido, el psicólogo español explica que “es una situación que ocurre después de haber pasado el fin de semana a gusto y tras ello tienes que volver al día siguiente a un trabajo que no te gusta, en el que estás incómodo, aburrido y/o no te motiva. Anticipas el malestar que te va a provocar la rutina de la semana. Por ello, se produce este estado de ánimo triste, ya que pierdes ese disfrute de ocio y esa libertad a la que te habías acostumbrado”, insiste.

“Normalmente estamos acostumbrados a que todos los lunes sean días duros y esta anticipación nos entristece, pero somos animales adaptativos y tiramos para adelante con este día y la semana. Te cuesta más que otros días pero tiras”, sentencia.

Jubilados y parados también pueden sufrirlo

Aunque este síndrome se asocie principalmente a empleados que regresan a su puesto de empleo al día siguiente, Castilla explica que también puede afectar a parados e, incluso, a jubilados: “Los fines de semana todo el mundo disfruta igual del ocio, lo comparte con toda la gente por igual y el estatus laboral es secundario. Pero cuando empieza el lunes puede ser que no tengan con quién quedar o qué hacer”. Por ello, pueden experimentar los mismos síntomas al enfrentarse a una semana que podría estar vacía de quehaceres.

La principal causa de la angustia del domingo por la tarde es algún grado de insatisfacción laboral

El psicólogo explica que “en España tenemos una cultura muy enfocada al trabajo y echamos muchas horas en nuestro puesto, que no quiere decir que sean productivas. Si no tienes trabajo son muchas horas a rellenar y a la gente le cuesta adaptarse a tanto tiempo libre”.

Cómo evitarlo

Para enfrentarte a la tristeza del ‘síndrome del domingo’ el especialista en psicología positiva aboga por “ver la situación con optimismo y analizar qué pasaría si no tuvieses ese trabajo”. “Gracias a ese trabajo te puedes permitir disfrutar del fin de semana, hacer un viaje, pagar tu casa, cubrir tus necesidades básicas y las de tu familia… También debes ver que ir a trabajar no es una obligación, es una decisión propia”.

Para Castilla, “lo que ocurre es que no le damos el valor que realmente puede tener el trabajo, ya que estamos acostumbramos a esa situación. Lo que tienes que intentar es pensar ‘este no es el trabajo de mi vida, pero es el que me permite otras cosas que necesito y quiero’”. El especialista también recomienda “valorar que tú tienes un trabajo y otras personas no”.

“Y si realmente no es el sitio en el que quieres estar, muévete y busca otras alternativas. Mientras no lo provoques o no las busques tú no vas a poder cambiar nada. Tienes que ver lo bueno que puede tener tu empleo y valorar si te produce bienestar. Y si realmente la situación es muy desesperante, a lo mejor tienes que buscar terapia psicológica para enfrentarte a una situación que te está desbordando”, concluye.

FUENTE: avc

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