Educación: ¿Qué ofrecen Andrés Arauz, Guillermo Lasso y Yaku Pérez?

Uno de los temas que más preocupa a los ecuatorianos es la educación, por lo que fue un tema clave en los debates presidenciales realizados.

Aún Ecuador se debate entre la certezas de conocer al segundo candidato para un balotaje el 11 de abril. Por el momento, solo el candidato de la alianza Unes está seguro, pero hay que esperar los cómputos oficiales para saber si será Yaku Pérez o Guillermo Lasso.

Planteamientos como la eliminación del examen de acceso a la educación superior, mayor acceso al internet, y reformas al sistema escolar fueron algunos de los ofrecimientos que se realizaron durante la campaña electoral.

A continuación, una mirada a las propuestas educativas de Andrés Arauz, Yaku Pérez y Guillermo Lasso, dos de los que podrían disputar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Andrés Arauz, alianza Unes, listas 1-5

A través de su plan de gobierno, Arauz establece como prioridad la educación de la primera infancia. También promete fortalecer el sistema de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, incrementar los institutos de educación superior.

1. Becas y créditos educativos. Restaurar y potenciar el programa de becas nacionales e internacionales, así como el crédito educativo y la política de cuotas.

2. Revisión de modelos pedagógicos. A nivel escolar, tiene propuestas como revisar los modelos pedagógicos para incentivar el pensamiento crítico en los estudiantes,

3. Unidades educativas mejoradas. Mejorar la infraestructura y equipamiento físico y tecnológico de las instituciones educativas, y fortalecer la Unidades Educativas del Milenio (UEM).

4. Educación gratuita de calidad. Recuperar y fortalecer la educación pública con gratuidad y calidad. Fortalecer e incrementar la educación superior técnica, asimismo como potenciar el Bachillerato Técnico. Fortalecer el modelo del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe.

5. Control para admisión a universidades. Mejorar el sistema de nivelación y admisión para el ingreso a la educación superior pública, con criterios de accesibilidad, equidad y justicia social

6. Mejores sueldos al magisterio. Garantizar los derechos de los docentes ecuatorianos para mejorar la calidad educativa (remuneración justa y consolidar sus carreras en base al mérito y desempeño).

7. Aprendizaje de lengua ancestral. Incluir progresivamente en los currículos educativos pertinentes al menos una lengua ancestral.

Yaku Pérez Guartambel, movimiento Pachakutik, lista 18

Por medio de «Minka por la Vida», el nombre de su plan de gobierno, Yaku Pérez expone sus propuestas para el ámbito educativo.

1. Educación gratuita. Plantea que la educación seapública, gratuita, comunitaria e intercultural.

2. Becas y créditos estudiantiles. Garantiza la permanencia de los estudiantes con política de becas y créditos que combatan la deserción escolar. Plantea revisar los créditos educativos con el fin de condonar los intereses por mora de los estudiantes que una vez graduados no han logrado insertarse en el mundo laboral.

3. Reformas educativas. Propone reformar la Ley Orgánica de Educación Intercultural.

4. Libre ingreso a la universidad. Entre sus objetivos también consta reformar la Ley Orgánica de Educación Superior con el fin de eliminar el examen de acceso a la educación superior.

5, Capacitación a jóvenes. Crear Institutos técnicos y tecnológicos para fomentar la profesionalización de jóvenes.

6. Acercamiento a la tecnología. Dotar de Internet y una tablet todos los estudiantes que provengan de los sectores populares para garantizar su derecho a la educación.

7. Aprender a tocar un instrumento musical. Implementar un Plan Decenal de Educación intercultural que siente las bases para una educación crítica y emancipadora, e incluir en el bachillerato asignaturas que desarrollen la inteligencia emocional como arte e instrumentos musicales.

Guillermo Lasso, Alianza Partido Social Cristiano – CREO, Listas 6-21

Guillermo Lasso, en su plan de gobierno, plantea reabrir y fortalecer al menos 900 escuelas rurales.

1. Tecnología para el área escolar. Dotar a las escuelas rurales de insumos necesarios y metodologías innovadoras para que estén a la par con el área urbana.

2. Internet escolar. También asegura que no descuidarán la conectividad a internet de cada una de estas escuelas.

3. Desayuno escolar. Además, pone como prioridad la nutrición infantil, por lo que garantiza la cobertura de desayuno escolar a los estudiantes de escuelas fiscales.

4. Capacitación a maestros. Propone implementar un programa de formación continua para docentes de educación física de escuelas y colegios e incorporar a Ecuador al Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA).

5. Libre ingreso universitario. Asimismo, planteareformar el sistema de admisión e ingreso a las universidades y dar autonomía a los institutos de educación superior. Esto lo hará mediante una reforma a Ley Orgánica de Educación Superior.

6. Mejorar programas de estudio. Incentivar la creación de nuevos y mejores programas a nivel de grado y posgrado en modalidades presenciales y no presenciales.

7. Titulación. Igualar la formación en conservatorios y escuelas de arte con la titulación de bachillerato y títulos superiores.

8. Estudiantes especiales. Crear un programa de educación semi-presencial para estudiantes ordinarios y especiales.

9. Reforma educativa. A la Ley de Educación Intercultural, para que las escuelas y colegios logren ser libres y competitivos tanto a nivel nacional como internacional. (I)

Ecuador es el país latinoamericano con peor dominio del inglés

El estudio EF English Proficiency Index (EPI), de la firma Education First, detalla el nivel de inglés de los habitantes de los países de Latinoamérica y el mundo entero.

Esta investigación evaluó el nivel de inglés de 2,2 millones de personas de 100 países del mundo cuya lengua nativa es otra, mediante las habilidades de lectura y comprensión auditiva, se señala en una publicación de El Tiempo.

El conocimientos de los participantes fue calificado como Muy Alto, Alto Moderado, Bajo y Muy Bajo, ubicando a cada país mediante una escala de puntuaciones, en la cual la máxima calificación posible era 800.

De Latinoamérica se tomaron en cuenta 19 países, de los que se pudo determinar cuáles son los mejores y peores, siendo Ecuador el que se ubica en el último puesto, al obtener el puntaje más bajo de la región.

Los datos del estudio evidenciaron que Ecuador se encuentra en el puesto 93 a nivel mundial, es decir, en un rango Muy bajo, con apenas 411 puntos. Es el único latino en estar entre los 10 países con peor dominio de este idioma.

Otro país latinoamericano con una baja puntuación es México con 88 puntos, también en un nivel Muy Bajo. Posee 440 puntos, presenta el retroceso más importante en la región, dado que hace diez años, cuando se empezó a hacer la medición, tenía un nivel Medio.

Luego de Ecuador y México se encuentra Colombia, en el puesto 77, con 448 puntos, le siguen Nicaragua (puesto 73, nivel Bajo) y Venezuela (puesto 67, nivel Bajo).

Pese a esto, 12 de los 19 países latinoamericanos en el estudio mejoraron su dominio de inglés en adultos.

El análisis también permitió determinar cuáles son los países con mejor nivel de inglés de la región, siendo Argentina el mejor ubicado, en el puesto 25 con 566 puntos, lo que lo convierte también en la única nación latinoamericana con nivel Alto.

Así se ubicaron los países con mejor nivel de inglés:

– Argentina (puesto 25, nivel Alto)

– Costa Rica (puesto 36, nivel Moderado)

– Chile (puesto 37, nivel Moderado)

– Paraguay (puesto 39, nivel Moderado)

– Cuba (puesto 41, nivel Moderado)

El país donde las discotecas son más importantes que las escuelas

Las prioridades en la apertura de España tras meses de confinamiento se podían leer como una declaración de intenciones sobre la visión del país

Fútbol, playas, corridas de toros y discotecas. Las prioridades en la apertura de España tras meses de confinamiento se podían leer como una declaración de intenciones sobre la visión del país.

Finalmente, a una semana del comienzo del curso escolar, nuestros políticos han decidido abordar lo que consideran menos urgente: la educación de millones de estudiantes.

Atrás quedan meses desaprovechados, advertencias ignoradas y planes por hacer.

La falta de previsión que ha sumido en el desconcierto la reapertura de las escuelas es parte de una gestión lastrada por la opacidad, la falta de datos fiables, la inconsistencia y la lentitud de reacción por parte de los gobiernos central y autonómicos.

Y así, tras sufrir una de las peores primeras olas de contagios, España se enfrenta ahora al peor rebrote de Europa.

¿Puede haber mayor prueba de la urgencia de reformar la educación que la incompetencia de una clase política producto de sus deficiencias?

La pandemia ha desnudado un modelo escaso de medios, con un profesorado mal pagado y desmotivado, planes de estudio anclados en el siglo XIX y una creciente desigualdad que permite a las familias con recursos eludir las carencias del sistema con apoyo extraescolar, enseñanza privada y cursos en el extranjero para sus hijos.

El inicio del curso, previsto en algunas partes del país para el 4 de septiembre, se producirá en mitad del caos de una huelga de estudiantes, estrategias diferentes en cada región y planes improvisados para reducir a toda prisa la ratio de alumnos, reorganizar horarios, contratar profesores e implementar medidas que debieron ser planeadas con meses de anticipación, como en otros países.

Lo sorprendente habría sido que unas autoridades que abandonaron el sistema educativo a su suerte hace décadas hubieran hecho los deberes a tiempo.

La comprensible decisión de intentar reabrir el país cuanto antes para salvar la temporada alta del turismo —”salimos más fuertes”, decía el lema gubernamental— ha sido gestionada con dejadez e irresponsabilidad.

El ocio nocturno permaneció abierto semanas después de haber sido identificado como un foco de contagios, se autorizaron multitudes en celebraciones de todo tipo y se trasladó el mensaje de que la batalla estaba ganada, aplausos al presidente Pedro Sánchez incluidos.

Mientras la autocomplacencia se instalaba en el gobierno, las autonomías recuperaban las competencias en sanidad y educación sin haber organizado los sistemas de rastreo y seguimiento de contagios que han frenado la expansión en otros lugares.

El resto es un resumen de la historia reciente de España: partidos políticos y ciudadanos peleándose sobre quién tiene la culpa, si la derecha o la izquierda, de un fracaso colectivo pilotado por los políticos peor preparados de la democracia.

El resultado es que España incumple los requisitos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de los expertos del Instituto de Salud Global de Harvard para una apertura segura del curso escolar, incluido el de mantener un número de contagios inferior a 25 casos por cada 100.000 habitantes.

La incidencia es hasta veinte veces superior en algunos de los distritos de Madrid más afectados.

El riesgo es que los estudiantes, que el curso pasado obtuvieron un aprobado general, reciban un segundo año de enseñanza mediocre e incompleta. Si hay un país que no se lo puede permitir, es España.

Los partidos políticos han sido incapaces de consensuar una ley educativa en más de cuatro décadas de democracia. Padres, profesores y alumnos desesperan con razón ante los cambios continuos que se producen cada vez que llega un nuevo gobierno, sin que ninguno de ellos afronte los verdaderos problemas.

Durante años se han perdido más energías en discutir si la asignatura de religión debía contar para las notas —basta con dejar elegir a los padres— que en lograr que los alumnos dominen el inglés, comprendan un texto literario o adquieran conocimientos mínimos en ciencia.

España tiene la peor tasa de abandono escolar entre los jóvenes de la Unión Europea y sus estudiantes están por debajo de la media de la OCDE en el informe PISA sobre excelencia académica en ciencias.

Quienes avanzan hacia la educación superior se enrolan en universidades que, salvo excepciones, están desconectadas del mercado laboral, sumidas en la parálisis burocrática y dirigidas de espaldas a toda innovación. El país no tiene ninguna universidad entre las 150 mejores del mundo, según el Ranking de Shanghái.

El pasado curso pude comprobar el estado de nuestras universidades durante una gira por las principales facultades de periodismo del país.

Encontré planes de estudio que llevaban más de una década sin renovarse, a pesar de la revolución tecnológica vivida en estos años, claustros gobernados por férreas estructuras políticas y un sistema endogámico que desincentiva cambios.

La carga de la enseñanza recae en profesores asociados pagados con sueldos tan ridículos que un concursante de televisión, Valentín Ferrero, se hizo célebre hace dos años al renunciar ante las cámaras a su puesto de maestro.

Su salario, de 250 euros al mes, no le alcanzaba para pagar “la gasolina para ir a clase”.

Las generaciones que tendrán que sacar al país de una nueva crisis se incorporan al mercado laboral sin las herramientas para competir en un mundo globalizado.

Es un escenario que compromete el futuro: al castigo recibido por España en el frente sanitario se ha sumado el económico, que sitúa al país con las peores perspectivas de recuperación entre los países desarrollados.

Nuestra dependencia del turismo y los servicios hacía que durante varios meses al año la mitad de los puestos de trabajo disponibles procedieran de la hostelería.

El cierre de bares, restaurantes y hoteles ha expuesto la fragilidad de ese modelo y condena a otra generación a la precariedad y la falta de oportunidades.

La Gran Recesión tras la caída de Lehman Brothers en 2008 pudo haber sido aprovechada para llevar a cabo una profunda reforma educativa centrada en la innovación, el emprendimiento y la formación dirigida a pujantes sectores económicos.

En su lugar, España optó por recortar en educación, mantener a los profesores en situación precaria y eludir cualquier reforma de calado. Si la historia es prólogo, vamos camino de repetir el error.

Los países asiáticos son grandes ejemplos del poder transformador de la educación, uno de los motores que impulsó a China, Corea del Sur, Taiwán o Singapur en las últimas décadas.

Pero no hace falta mirar tan lejos: Portugal, nuestro vecino de la península ibérica, emprendió a partir del año 2000 profundas reformas educativas que han dado un giro a sus resultados y equiparado a sus estudiantes con los mejores de Europa gracias a una escuela pública de calidad.

España necesita una revolución educativa a la portuguesa, empezando por la formación, valoración y justa remuneración de los profesores en quienes confiamos la tarea de preparar a nuestros hijos. Su autoridad, mermada por una cultura de permisividad y excesivo consentimiento, debe ser restituida.

La modernización de escuelas y universidades, aparte de medios, necesitará de una reformulación desde cero de los planes de estudio y los métodos de aprendizaje. Urge hacer sitio al pensamiento crítico, la creatividad, el debate racional, el civismo y las humanidades.

Pero no son los políticos, ni este periodista, quienes deben definir la escuela del futuro, sino los expertos que desde hace años vienen ofreciendo propuestas y alertando contra un deterioro que solo será revertido el día que la sociedad cambie sus prioridades.

“La educación no interesa a nadie salvo a los padres con hijos en edad educativa”, dice con razón el filósofo José Antonio Marina, quien lleva décadas clamando en el desierto.

Mientras esas prioridades no cambien para el conjunto de la sociedad, tampoco lo harán para los políticos. Y seguiremos siendo el país donde la educación nunca le gana un pulso a una buena diversión.

c.2020 The New York Times Company, Infobae

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