El caso de un entrenador de fútbol juvenil que enviaba mensajes inapropiados

En la academia nacional de futbol de Francia, un instructor fue investigado debido a que envió decenas de mensajes de texto perturbadoramente afectuosos a un adolescente de 13 años. Sin embargo, fue despedido solo después de que invitó al joven a almorzar.

En su siguiente club, el hombre levantó sospechas luego de que la angustiada madre de un jugador joven se acercara a un directivo del equipo y le preguntara si era normal que los chicos fueran pesados sin ropa interior. No obstante, fue despedido solo después de que descubrieron que trabajaba con un agente para llevar a los jugadores a otros equipos.

Cuando se dieron cuenta de que trabajaba como el director juvenil de otro equipo francés este año, dos personas que conocían su conducta pasada se pusieron en contacto con el presidente del club para advertirle. Sin embargo, la Federación Francesa de Futbol, que había despedido al hombre de su trabajo en el centro nacional de entrenamiento por sus interacciones inapropiadas con un joven candidato, no dijo nada.

En cambio, durante los últimos ocho años, ha permitido que el exintegrante de su personal se mueva de manera silenciosa de trabajo en trabajo, siempre respaldado por un certificado de alto valor emitido por la federación, el cual ha facilitado su capacidad de continuar trabajando en el deporte. Su información de contacto permanece disponible para empleadores potenciales en el sitio web de la federación.

El hombre, David San José, nunca ha sido sujeto de una denuncia oficial por abuso sexual o contacto físico inapropiado con un menor de edad. Sin embargo, ha podido continuar trabajando con atletas juveniles a pesar de los focos rojos que han planteado nuevas preguntas sobre la incapacidad, o falta de disposición, de las organizaciones deportivas para realizar investigaciones significativas sobre la conducta de adultos responsables por el cuidado de menores.

En los últimos años, esa falta de supervisión ha llevado a escándalos y cargos penales en casos que involucran a gimnastas en Estados Unidos, a futbolistas en el Reino Unido, así como a patinadores artísticos y nadadores en Francia. En casi todos los casos, las investigaciones concluyeron que los rumores y los señalamientos sobre conductas inapropiadas y abuso eran bien conocidos, pero fueron ignorados.

Cuando fue contactado para hablar sobre su etapa en el centro nacional de entrenamiento de Francia en Clairefontaine y su historial laboral después de salir del centro, San José se rehusó a hacer comentarios al respecto. No obstante, otras personas, incluyendo a exentrenadores, exdirectivos y exempleados de la federación, así como diez excompañeros de equipo del joven que recibió los mensajes de texto, aceptaron ser entrevistados.

“Todavía no puedo entender cómo San José puede trabajar con menores después de lo que pasó en Clairefontaine”, dijo el exdirector del centro, Gérard Prêcheur. “No puedo entender cómo él todavía trabaja en el futbol”.

Mensajes de texto y una advertencia

Según compañeros de equipo y la madre del adolescente, los mensajes a veces llegaban en ráfagas: saludos, invitaciones, declaraciones de amor. Para el joven de 13 años que los recibió eran confusos. ¿Por qué un adulto, y especialmente un instructor de una de las principales academias de futbol, lo llenaría de tanta atención?

Durante un tiempo, el menor (ahora de 23 años y cuya identidad no ha sido revelada para proteger su privacidad) no dijo nada sobre los mensajes. Sabía que era afortunado, seleccionado entre un grupo de dos docenas de chicos a los que se les otorgaron lugares codiciados para vivir y entrenar en el centro nacional de entrenamiento de Francia en Clairefontaine, que podría decirse que es la academia de futbol más importante del mundo. Sabía que Clairefontaine había sido el trampolín para decenas de los jugadores profesionales franceses de mayor renombre. Así que en lugar de reportar los mensajes perturbadores, el joven no dijo nada a sus compañeros, sus entrenadores ni a sus padres.

El primer indicio de que algo estaba mal ocurrió durante un traslado en autobús en 2012. La escuadra de talentosos adolescentes estaba de un humor típicamente bullicioso. Entre bromas pesadas Tiago Escorza, uno de los jugadores, tomó el celular de su compañero. Escorza, ahora de 23 años, recordó ver mensajes del instructor al joven, en los que le decía que lo amaba. Su reacción fue estallar en una carcajada (y luego leer los mensajes en voz alta al resto de los jugadores).

“Todos le dijimos: ‘¿Es tu papá o qué pasa?’”, dijo Hedi Mehnaoui, un arquero que estaba presente.

Unos meses después, la madre del joven también descubrió los mensajes. Al cambiar a un nuevo celular que le había comprado a su hijo, encontró un mensaje de texto de San José.

Su esposo estaba furioso por el mensaje, dijo ella, pero también luchaba contra una enfermedad grave, así que la madre decidió que ella confrontaría a San José en persona. Lo hizo mediante una carta, que fue entregada a él en Clairefontaine, en la que le ordenaba que no le mandara más mensajes a su hijo y que no estuviera a solas con él bajo ninguna circunstancia. San José, dijo ella, la dejó sin argumentos al decirle que en su cultura (su familia es originaria de España) era habitual decir cosas como “te amo” incluso a personas fuera del propio núcleo familiar.

El asunto pudo haber concluido ahí, pero una conversación fue escuchada accidentalmente por dos vigilantes encargados de cuidar al equipo durante una inspección vespertina rutinaria. Les enseñaron mensajes (reenviados a otros dos jóvenes) que habían sido escritos por San José.

“Estoy cansado de que siempre soy yo quien dice: ‘Te amo’”, se leía en uno, según los vigilantes.

A la mañana siguiente, uno de los vigilantes informó al entrenador de los juveniles, Philippe Bretaud, y también a Prêcheur, el director de Clairefontaine, sobre lo que había descubierto. Prêcheur, quien dejó su cargo en Clairefontaine en 2014, dijo que su primera reacción fue indignación. “Me puse furioso”, dijo.

Relató que de manera inmediata llamó a los padres del joven y les aconsejó que presentaran una denuncia, pero que ellos se negaron, por temor de que al hacerlo pusieran en riesgo las posibilidades de su hijo de tener una carrera futbolística. Prêcheur le mostró los mensajes a su jefe, François Blaquart, y luego al director técnico del futbol francés.

“Recuerdo que eran mensajes de amor, totalmente inaceptables hacia un menor”, dijo Blaquart.

Blaquart suspendió a San José, quien era responsable de la educación no relacionada con el futbol en las instalaciones, y le ordenó que abandonara Clairefontaine, dijo, y después siguió los lineamientos establecidos y pasó el expediente al Departamento de Recursos Humanos de la Federación Francesa de Futbol.

La federación francesa insistió en que investigó de manera exhaustiva las acusaciones, realizó múltiples entrevistas y designó un psicólogo para que hablara con el joven. Sin embargo, también dijo que no había descubierto evidencia de ningún mensaje de naturaleza sexual o romántica entre San José y el menor, además mencionó que no podía hacer más con las acusaciones.

Se hicieron varios intentos de contactar a San José por teléfono y mensajes de texto antes de que finalmente respondiera a un mensaje a través de la red social profesional LinkedIn en el que se le pidió comentar su periodo en Clairefontaine y su carrera posterior. San José declinó la solicitud. Posteriormente, bloqueó cualquier otro intento de contacto en la plataforma. Poco después, desactivó su perfil.

Silencio en medio de murmuros

Ian Ackley, un sobreviviente de abuso por parte de un reconocido exentrenador del futbol británico, ahora encabeza un grupo que apoya a víctimas de experiencias similares en el futbol inglés. Dijo que casos potenciales de abuso se resuelven con frecuencia de modo silencioso y que se hacen esfuerzos para atraer la menor atención posible hacia ellos.

“Pero genera un problema en otro lado”, dijo Ackley, que mencionó que sufrió de abuso durante casi cuatro años, hasta que cumplió 13 años, por parte de un entrenador en el Manchester City. “Quieren evitarse el daño a la reputación que implica una indagatoria o investigación pública y no quieren consternar a la gente”.

Al no encontrar evidencia de abuso o acoso, a San José se le permitió dejar su empleo de manera silenciosa con sus credenciales altamente calificadas y respaldadas por la federación intactas. La federación dijo que las credenciales le permitieron a San José trabajar como voluntario y en la ley francesa no hay disposicionces que requieran una revisión completa de antecedentes para los entrenadores voluntarios.

Una de sus siguientes paradas fue en el Olympique de Valence, un equipo que juega en los niveles inferiores del futbol francés y está ubicado a una hora en auto al sur de Lyon. Malik Vivant, el director deportivo del equipo, recuerda haberse sorprendido de que alguien tan calificado como San José estuviera disponible. Dada la gestión de San José en Clairefontaine, Vivant consideró un logro haber contratado a alguien de su nivel para entrenar al equipo sub-15 de Valence. Sin embargo, meses después, Vivant comenzó a sospechar.

Primero, la angustiada madre de un jugador joven se acercó al tesorero del club y le preguntó por qué los jugadores tenían que estar desnudos al momento de pesarlos. Más focos rojos se encendieron cuando los directivos del club se enteraron de que un jugador juvenil había pernoctado en la casa de San José.

Prêcheur, el exdirector de Clairefontaine, dijo que cuando descubrió que San José estaba trabajando en Valence, contactó a los directivos del equipo para contarles qué había pasado en su academia. Valence finalmente despidió a San José, pero no por sus interacciones con los jugadores juveniles; fue dado de baja cuando el club descubrió que estaba trabajando con un agente para ofrecer a sus jugadores a otros equipos.

“Como ya tenía dudas, no titubeé y lo despedí”, dijo Vivant.

No obstante, San José permaneció en la región, trabajó en escuelas y, más recientemente, en otro equipo no profesional, el FC Rhône-Vallées. Vivant y Prêcheur dijeron que ambos habían advertido al equipo sobre contratar a San José y les habían descrito a los directivos del club los incidentes que ocurrieron en Clairefontaine y Valence.

El club dijo la semana pasada que pondría fin al contrato de San José.

Sin embargo, la Federación Francesa de Futbol continúa insistiendo en que no hizo nada malo y que sin pruebas no tiene injerencia para prohibir que San José trabaje en el futbol o con menores. (La federación le otorgó una de sus licencias de entrenamiento de más alto nivel en 2017). No obstante, el Ministerio de Deportes de Francia, todavía en recuperación por un escándalo de abuso sexual en natación y patinaje artístico, dijo en un comunicado a The New York Times que sus lineamientos indicaban que se requería analizar las acusaciones (y las acciones tomadas por la federación de futbol del país).

Mientras la investigación está en curso, otros luchan de nuevo con las decisiones que tomaron. La federación de futbol contrató a un consultor de comunicación de crisis poco después de recibir las preguntas del Times sobre San José. Prêcheur dijo que él todavía estaba indignado sobre lo que consideró como el fracaso de la federación para proteger a un futbolista juvenil. El joven ya no está involucrado en el futbol y sus excompañeros ahora dicen que desearían haber hecho más para ayudarle. Incluso la madre del menor, quien decidió no alzar la voz en aquel entonces en un esfuerzo por preservar el sueño de su hijo de tener una carrera futbolística, ahora está evaluando sus decisiones.

Ocho años después de haber visto el mensaje en el celular de su hijo, dijo, desearía haber ido a la policía.

This article originally appeared in The New York Times.

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