Estudio identifica posibles nuevos síntomas del COVID-19

Lesiones en la lengua y ardor y manchas en pies y manos podrían ser síntomas del COVID-19 y su detección ayudaría a diagnosticar precozmente la enfermedad, según un estudio realizado con pacientes de coronavirus en Madrid cuyos resultados fueron divulgados este martes.

La investigación, llevado a cabo en abril con 666 pacientes con COVID-19 ingresados en el hospital de campaña instalado en el pabellón de congresos madrileño Ifema, encontró que el 25% de ellos presentaron alteraciones en la lengua y 40% en los pies y las manos, indicó un comunicado del gobierno de la capital española.

El estudio, publicado en la revista científica British Journal of Dermatology en forma de research letter, detectó en varios pacientes un incremento del tamaño de la lengua y lesiones en las papilas en forma de parches lisos, «que se asocian en muchas ocasiones a la pérdida del gusto».

Asimismo, otros enfermos sufrieron ardor o enrojecimiento en pies y manos y en ocasiones observaron en ellos manchas y descamación, señaló el comunicado.

Unidos a síntomas característicos del COVID-19 como tos y fiebre, «pueden ser signos clave para un diagnóstico precoz de esta enfermedad», indicó el estudio.

La investigación fue liderada por el servicio de dermatología del Hospital Universitario La Paz de Madrid y de varios médicos de atención primaria que atendieron a los pacientes ingresados en Ifema, que recibió enfermos con COVID-19 ante el desbordamiento de otros hospitales durante la primera ola de la pandemia del nuevo coronavirus. (I)

Fuente: El Universo

Estudio: Mujeres que fuman marihuana no podrían quedar embarazadas

Las mujeres que consumen marihuana pueden llegar a tener más dificultades para concebir que las no consumidoras, según un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por su sigla en inglés) difundido este lunes.

La investigación, publicada en la revista científica Human Reproduction, no analizó el consumo de la marihuana entre las parejas de las mujeres, que podría haber influido en las tasas de concepción, agregaron los NIH en un comunicado.

Las mujeres que dijeron haber consumido productos como marihuana o hachís en las semanas previas al embarazo o cuyas pruebas de orina fueron positivas a cannabis tenían un 40 % menos probabilidades de concebir en cada ciclo mensual que las no consumidoras.

Mientras que, en cada ciclo mensual, las mujeres que consumieron al mismo tiempo que intentaban concebir tuvieron un 41 % menos de probabilidades que las que no estuvieron en contacto con el cannabis.

La diferencia fue mayor cuando se analizó el porcentaje de las que quedaron embarazadas: apenas un 42 % de las que dijeron haber consumido cannabis pudo concebir frente a un 66 % de las mujeres no consumidoras.

«Las consumidoras de cannabis también tenían diferencias en las hormonas reproductivas implicadas en la ovulación. Estas diferencias podrían haber influido potencialmente en su probabilidad de concepción», indicó la nota.

Los autores apuntaron además que estudios en animales revelaron que el uso del cannabis podría alterar el revestimiento del útero.

Los investigadores recabaron estos datos de un estudio que abarcó a más de 1.200 mujeres de entre 18 y 40 años que habían sufrido unos o dos abortos espontáneos y participaron durante seis ciclos mensuales de la pesquisa mientras intentaban quedar embarazadas o durante el embarazo.

Un total de 62 mujeres, equivalente a un 5 % del total de las participantes, tuvo una prueba de orina positiva o dijo haber consumido cannabis antes de la concepción.

De allí que los investigadores admitieron que el número observado fue pequeño y recomendaron tener cuidado con el consumo del cannabis mientras se disponga de evidencia definitiva.

Fuente: EFE

Jóvenes alumnas estudian y cuidan de sus hijos

«Ahora tengo dos responsabilidades. Ya no es solo asistir al Colegio Montúfar para estudiar y en la tarde dedicarme a hacer las tareas, como hasta hace unos meses. El 12 de enero de este 2020 nació mi hija Scarleth. Por el embarazo decidí dejar los estudios en el 2019. Y los retomé en septiembre de este año. Pero es duro: poner atención a las clases, aunque sean virtuales, y ser mamá». Lo cuenta Katherine C., 16 años, madre de una bebé de nueve meses. Ella es una de las alumnas de la oferta extraordinaria de educación del Municipio de Quito.

Empezó sus clases el 1 de septiembre y las terminará el 5 de agosto; en ese período avanzará del octavo al décimo de básica superior. «Me inscribí en el Sebastián de Benalcázar, en el norte. Aunque vivo por Las Cinco Esquinas. Mi mamá Mónica siempre nos ha apoyado a mí y a mis dos hermanos, una de 21 años y otro, de 9. Pero ahorita está sin empleo. Mi hermana Andrea trabaja en una panadería y ella nos ayuda», relata.

La adolescente cuenta que en ocasiones nadie puede ayudarle a cuidar de su pequeñita. Así que a las 16:00 se conecta con sus profesores, con Scarleth en brazos. Así ella no llora, se queda tranquilita y se duerme. «Está bonita, gordita, los profesores me dicen que les parece muy linda».

En la capital, en este ciclo lectivo hay 1 700 estudiantes en esta oferta extraordinaria. Hasta el ciclo anterior solo se aceptaba a chicos desde 15 hasta 21 años en esta modalidad más flexible. Pero Fanny Calvopiña, coordinadora de la Educación Básica Superior Extraordinaria, indicó que ampliaron la opción para personas de 15 en adelante. «Vimos que hay una población más adulta con interés en retomar sus estudios y continuar con su preparación. Ha sido grato conocer que antiguos estudiantes han terminado la universidad y mejorado su calidad de vida. Ese es el objetivo». «Cuando mi hija está dormida hago los deberes; en las mañanas no descansa mucho, solo dos horitas o a veces pasa que se duerme en la tarde y se queda despierta hasta la media noche.

Es duro ser mamá. Pero tengo el apoyo de mi madre Mónica, quien casi se muere cuando le conté que estaba embarazada. Pero igual me respaldó. Quiero terminar estos estudios y quizá poder llegar a la universidad y estudiar medicina algún día», afirma Katherine.

Esta oferta educativa extraordinaria funciona en 14 instituciones municipales en Quito; las clases van en períodos que pueden ser desde las 14:00 hasta las 18:00. Fanny Calvopiña, la coordinadora de la modalidad de estudios, cuenta que el año lectivo anterior supieron que la mejor egresada de Medicina de una de las universidades de la ciudad salió de sus aulas. También asegura que han tenido alumnos que con el tiempo llegaron al Grupo de Alto Rendimiento (GAR), es decir alcanzaron los mejores promedios en los exámenes de acceso a la educación superior. Por eso ella no duda que quien se propone terminar el bachillerato y seguir con una carrera universitaria, puede hacerlo.

En el momento, 74 docentes, con título de tercer nivel, se encargan de esta oferta. Los estudiantes tienen todas las asignaturas que la malla curricular nacional exige; incluso según Calvopiña tienen apoyo para personas con necesidades educativas especiales. Por la pandemia, las clases se realizan a través de la plataforma Zoom. Pero normalmente suelen ser presenciales.

Entre los 14 planteles con esta oferta extraordinaria, hay dos que cuentan con salas cuna, para las madres, se trata del Fernández Madrid y el Sebastián de Benalcázar. Tania Sandoval, de 22 años, se matriculó en esta oferta para estudiar del octavo al décimo de básica de modo acelerado, en el Colegio Bicentenario. Se enteró de la oportunidad para la población que no estudia en la edad que corresponde a través de las redes sociales del plantel. Las sigue porque ahí mismo está inscrito su hijo, Kevin Lema, de 6 años. Ella tiene clases desde las 17:10 hasta las 18:40. Su hijo está en segundo de básica y pone atención a sus clases vía Zoom, de 08:30 a 09:45.

Hacen deberes y lo que más se les complica a ambos es la materia de inglés. Por eso Tania se esfuerza para entender lo que su profesor le enseña, quiere un día estar más preparada para guiar mejor a Kevin. «Yo preparo el almuerzo, le sirvo la comida y me concentro en mis deberes pasado el mediodía. Recibo todas las materias, son ocho, entre ellas matemáticas, lenguaje, ciencias naturales, estudios sociales, educación física, expresión cultural y artística, inglés.

Cuando era niña, Tania tenía un sueño: convertirse en doctora. Pero sus planes han cambiado, quisiera terminar el bachillerato y formarse como parvularia. Recuerda que hace años dejó el Colegio Monseñor Leonidas Proaño, en Cotopaxi. «No aproveché; ahora mi papá, que es agricultor y está en mi tierra, nos apoya, también el padre de mi hijo. Ojalá me vaya bien con las clases que son virtuales; así tengo tiempo para cuidar de mi hijo».

Fuente: El Comercio

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